jueves, 22 de noviembre de 2012

UNIVERSIDADES CORPORATIVAS

Umbrales y horizontes
de la descolonización
Raúl Prada Alcoreza
Estado y sociedad
El Estado. Campo de lucha
42
Lo que importaahora es saber desde donde nombramos el Estado y la sociedad para
de este modo reconocer los recortes de realidad y las estrategias
teóricas desplegadas en este acto de hablar, en esta acción conceptual.
Pero, sobre todo, saber cómo concebimos esos ámbitos de relaciones
que llamamos Estado y sociedad, para reconocer ese ámbito de
relaciones, de prácticas, normas, leyes, procedimientos, instituciones
que llamamos Estado, para comprender ese ámbito de relaciones,
prácticas, estructuras, organizaciones, movimientos, movilizaciones,
luchas que llamamos sociedad.
¿Cuál es la relación entre Estado y sociedad? Para responder
a esta pregunta debemos situarnos en el contexto histórico de la
modernidad, cuando hablamos de Estado lo hacemos desde la
perspectiva del Estado-nación, y cuando hablamos de sociedad lo
hacemos refiriéndonos a formaciones históricas atravesadas por
relaciones de producción, comercialización y consumo capitalistas.
Se trata de formaciones históricas involucradas con el mercado, con el
mercado capitalista, apreciado tanto en su forma interna como externa,
mercado interno y mercado externo. Sociedades involucradas, insertas
en el mercado internacional, afectadas entonces por sus contingencias,
sociedades organizadas en respuesta y adecuación a la expansión del
capitalismo, de las lógicas del capitalismo, pero también y obviamente
Raúl Prada Alcoreza
43
a la lógica de valorización del capital. No podríamos entender estas
sociedades sin comprender a su vez el desarrollo mundial, regional y
local del capitalismo, aunque este haya tenido resistencias y las tenga
todavía, aunque podamos entrever posibilidades de alternativas al
capitalismo. Lo que decimos es que el capitalismo se ha expandido
por todo el mundo y ha conformado el mundo mismo, formando
una economía-mundo capitalista y conformando un sistema-mundo
capitalista.1 Desde esta perspectiva, no nos negamos evaluar y dilucidar
las singularidades, los particularismos locales, las formaciones
abigarradas, sino que lo hacemos y entendemos esta tarea posible a
partir de la intengibilidad de la acumulación originaria y ampliada del
capitalismo, de sus ciclos, de sus crisis y de su ineludible cobertura
mundial. No se puede soslayar este acontecimiento de escala
mundial, eludirlo sería no entender los mismos particularismos,
localismos, regionalismos y abigarramientos, quedándonos tan solo
con la expresión exacerbada de las heterogeneidades perdidas en su
propio laberinto. Hay que colocarse evidentemente en la perspectiva
del pluralismo histórico, de la diversidad y diferencia de los procesos
socioeconómicos y socioculturales, pero hay que hacerlo teniendo
en cuenta la transversal histórica de la economía-mundo capitalista.
Esto nos permite situarnos en el lugar, el espacio-tiempo históricos,
desde el cuál nombramos, pero también en el cual nos encontramos,
para entender lo que hemos llegado a ser en el momento presente
(Michel Foucault).
1 Ver de Immanuel Wallerstein Análisis de sistemas-mundo. Una Introducción. México, Siglo
xxi, 2006. Del mismo autor Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Un análisis de
sistemas-mundo. Madrid, Akal, 2004.
El Estado. Campo de lucha
44
Estado y sociedad en Bolivia
Las naciones no son otra cosa que mitos en el sentido
que son creaciones sociales, y los estados desempeñan
una función central en su construcción. El proceso
de creación de una nación incluye el establecimiento
(en gran medida, una invención) de una historia,
una larga cronología y un presunto grupo de
características definitorias (incluso cuando grandes
segmentos de la población incluida no comparten
dichas características).2
Immanuel Wallerstein
La República de Bolívar nace de una conjunción y combinación de
factores hasta compulsivos y contradictorios. Por una parte podemos
hablar de la genealogía de sus propias guerras, es decir las guerras
que atraviesan, afectan, adecuan, se instalan en los territorios que
van a circunscribirse sucesivamente en lo que va a ser el Qullasuyu,
la Audiencia de Charcas y la República de Bolivia. Estas guerras son
acontecimientos que suscitan, se producen y pasan para desaparecer,
no del todo, empero quedando en la memoria de las generaciones
venideras. Podemos hablar de la guerra de conquista a medidos del
siglo xvi y de su consecuente guerra anticolonial durante los últimos
años del siglo xviii, de la guerra en Potosí entre vicuñas y vascongados
durante 1626, la guerra de guerrilla durante el siglo xix, acompañada de
la llegada de la guerra de independencia al Alto Perú, las incursiones
de los ejércitos independentistas argentinos, las asonadas y
levantamientos durante la colonia, pero también los amotinamientos
y cambios de bando. Marie-Danielle Demélas reconoce una cultura
guerrera en América, dice que existían tres formas de combate: la
utilización de los métodos de la guerra en pequeña escala, la cultura
miliciana y la experiencia de las guerras indias.3
2 Immanuel Wallerstein: Análisis de sistemas-mundo. Ob. cit. Pág. 79.
3 Marie-Danielle Demélas: Nacimiento de la guerra de guerrillas. El diario de José Santos Vargas
(1914-1825). La Paz, Plural, 2007. Pags. 139-140.
Raúl Prada Alcoreza
45
Después podemos hablar del desarrollo de la economía minera4,
preponderantemente durante la colonia, particularmente en lo que
tiene que ver con la irradiación del entorno potosino durante los siglos
xvii y xviii. Este desarrollo y esta irradiación pueden asociarse con el
ciclo de la economía de la plata, directamente vinculada a los ciclos del
capitalismo genovés (siglos xv-xvii), del capitalismo holandés (siglos
xvi-xviii) y del capitalismo británico (siglos xviii-xx).5 Este recorte si bien
privilegia la preponderancia de la economía minera, no obvia las otras
formas de organización económicas, particularmente las agrícolas,
destinadas a comercializar con alimentos para las poblaciones de las
ciudades y los centros mineros. En este caso, sobresale la economía
de las haciendas de los valles, fuertemente vinculada al comercio con
los centros mineros, empero el mercado de alimentos y otros bienes
también se extiende al Oriente, esta es la situación que podemos
apreciar en lo que respecta la vinculación contingente de la economía de
las haciendas de los llanos, de la Amozonia y el Chaco con la economía
minera. No podemos dejar de mencionar la persistente economía de
las comunidades indígenas, que forma parte de alternativas formas de
reproducción, enlazada a otros circuitos simbólicos, de reciprocidad
y complementariedad. En todo este espaciamiento rudimentario del
mercado interno, la producción artesanal y la incipiente producción
manufacturera encuentra su sitio. Todo este panorama mercantil no
termina de dibujarse si es que no mencionamos un eje paralelo a la
economía minera que tiene que ver con los recorridos de la coca.6
Así mismo podemos hablar de la jurisdicción de la Audiencia
de Charcas y de una cierta continuidad administrativa, tanto política
4 Ver de Roberto Arce Alvarez. Desarrollo Económico e histórico de la minería en Bolivia. La Paz,
Plural, 2003.
5 Giovanni Arrigí escribe: Pueden identificarse cuatro ciclos sistemáticos de acumulación, cada
uno de ellos definidos por una unidad fundamental de la agencia primaria y de la estructura
de los procesos de acumulación de capital a escala mundial: un ciclo genovés, que se extendió
desde el siglo xv hasta principios del siglo xvii; un ciclo holandés, que duró desde finales del siglo
xvi hasta finales del siglo xviii; un ciclo británico, que abarcó la segunda mitad del siglo xviii,
todo el siglo xix y los primeros años del siglo xx, y un ciclo americano, que comenzó a finales
del siglo xix y que ha continuado hasta la fase actual de expansión financiera. El largo siglo xx.
Madrid, Akal, 1999. Pag. 19.
6 Ver de Raúl Prada Alcoreza Fragmentos Territoriales. La Paz, Mitos, 1990.
El Estado. Campo de lucha
46
como religiosa, que duró desde su pertenencia al Virreinato del Perú
hasta su pertenencia al Virreinato de La Plata, incluso prácticamente
permaneció en la geografía política de la flamante República.
El diagrama de poder colonial
¿Cómo retomar la historia, sobre todo la historia de la modernidad,
desde otra perspectiva, que no sea la de la supuesta universalidad
eurocéntrica? Buscamos otra perspectiva, la de las sociedades que
fueron colonizadas. Este es un problema que ha sido retomado por
los intelectuales que se colocan en una perspectiva descolonizadora.
Habría que hacer una historia al respecto. En este decurso tenemos las
investigaciones de Anibal Qujano, quien trabaja sobre la colonialidad
del poder. Podemos citar los trabajos de Enrique Dussel, quien plantea
la construcción de una mirada integral desde las víctimas, es decir, los
colonizados. En esta perspectiva también se encuentran los trabajos
de Boaventura de Sousa Santos, quien se plantea pensar desde el sur,
en contraposición con el norte hegemónico y dominante. No lejos de
ellos se hallan las formulaciones de un pensamiento propio por parte
de Hugo Zemelman Merino. En Bolivia la irrupción de un pensamiento
descolonizador es abierto por Fausto Reinaga, quien deconstruye la
historia desde la perspectiva de la revolución india. Esta problemática
es retomada por Silvia Rivera Cusicanqui con sus estudios sobre los
movimientos indígenas a partir de la recuperación de la memoria
larga. La lista evidentemente puede ser más amplia, identificando
corrientes, si podemos hablar así, la corriente de los subalternos,
en la que sobresalen las investigaciones de Partha Chatterjee y de
Gayatri Chakravorty Spivak, de los estudios postcoloniales, de la
filosofía de la transmodernidad, de la epistemología crítica o crítica
de la epistemología, de la sociohistoria indígena. Incluso podemos
abrirnos hacia atrás y hacia adelante, podemos rastrear las huellas de
un marxismo propio cuando Carlos Mariátegui se plantea sus tesis
sobre la realidad peruana, buscando hacer inteligible la formación
económico social peruana. Del mismo modo podemos encontrar en la
Raúl Prada Alcoreza
47
crítica de la economía política periférica, en la crítica de las relaciones
de poder y en los análisis de los movimientos sociales desplegados
por Comuna el desarrollo de una perspectiva descolonizadora.7
Debemos hacer entonces una arqueología de los discursos sobre
descolonización, sobre las narrativas de la colonización y colonialidad,
encontrar los sedimentos y estratificaciones de estos discursos, sus
formas de actualización, su haz de relaciones, la configuración de sus
enunciados. Esta es una tarea que hemos de emprender, empero por
de pronto, vamos a situar la problemática de la colonialidad dibujada
históricamente por los ciclos del colonialismo.
Los ciclos del colonialismo
Hablamos de los ciclos del colonialismo porque consideramos que
estos ciclos, de alguna manera han seguido los ciclos del capitalismo.
No son exactamente lo mismo, empero el colonialismo ha acompañado
a la expansión y a la acumulación del capitalismo. Concretamente la
irrupción del colonialismo a escala mundial tiene inmediatamente
que ver con la acumulación originaria del capital a escala mundial y
con el nacimiento de la modernidad. Si se quiere con el nacimiento de
la economía-mundo capitalista, sugerida por Immanuel Wallerstein.
El colonialismo es la forma mundial de dominación desatada
por las formas hegemónicas del capitalismo, formas desplegadas
sucesivamente durante los distintos ciclos del capitalismo. Empero
las estructuras de dominación colonial no son los mismo que las
estructuras de la acumulación capitalista, las relaciones de poder no
son lo mismo que las relaciones de producción capitalista, ambos
ámbitos se imbrican y se complementan de una manera morbosa.
Aníbal Quijano dice:
“La colonialidad es uno de los elementos constitutivos y específicos
del patrón mundial de poder capitalista. Se funda en la imposición de
7 Colectivo vinculado a los movimientos sociales de Bolivia, durante las gestas desatadas del
2000 al 2005. Comuna ha publicado varios análisis grupales e individuales de los movimientos
sociales y ensayos teóricos políticos.
El Estado. Campo de lucha
48
una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra
angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos,
ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social
cotidiana y a escala societal.8”
Aníbal Quijano asocia culturalmente e intersubjetivamente la
colonialidad con la modernidad, se trata de un patrón de dominación
que se corresponde con los modelos de acumulación. La diferenciación
entre centro y periferia establece la diferencia racial de la explotación
de la fuerza de trabajo a escala mundial, distinguiendo formas de
explotación, combinando y complementando subsunción formal y
subsunción real del trabajo al capital.9 El colonialismo y, por lo tanto,
la colonización constituyen una realidad mundial, la colonialidad,
que es la forma de hegemonía cultural de la modernidad y la forma de
dominación capitalista.
Aníbal Quijano dice que:
“En el curso del despliegue de esas características del poder
actual, se fueron configurando las nuevas identidades societales
de la colonialidad, indios, negros, aceitunados, amarillos, blancos,
mestizos y las geoculturales del colonialismo, como América,
Africa, Lejano Oriente, Cercano Oriente (ambas Asia, más tarde),
Occidente o Europa (Europa Occidental después). Y las relaciones
intersubjetivas correspondientes, en las cuales se fueron fundiendo
las experiencias del colonialismo y de la colonialidad con las
necesidades del capitalismo, se fueron configurando como un
nuevo universo de relaciones intersubjetivas de dominación bajo
hegemonía eurocentrada. Ese específico universo es el que será
después denominado como la modernidad.10”
Comprendamos entonces la experiencia del colonialismo y
colonialidad, entendiendo por colonialismo la práctica imperial de
ocupación de tierras, sometimiento de las poblaciones, decodificación
8 Aníbal Quijano: “Colonialidad del poder y clasificación social”. Journal of world-systems research.
Festschrift for Immanuel Wallerstein. Volume XI, number 2, summer/fall 2000. Pág. 342.
9 Revisar de Immanuel Wallerstein y Etienne Balivar Raza, nación y clase. Madrid, Iepala, 1991.
10 Aníbal Quijano, Ob. Cit., págs. 342-343.
Raúl Prada Alcoreza
49
cultural, fragmentación de las sociedades, ocultamiento y desaparición
de las instituciones propias, diseminación de las lenguas autóctonas,
inscripción de la historia política de la dominación en la superficie de los
cuerpos, induciendo conductas y comportamientos de sometimiento,
de domesticación, de disciplinamiento, de control y de seguridad,
sucesivamente. Comprendiendo por colonialidad la configuración
de las identidades societales y la plasmación de la clasificación racial,
conformándose entonces una realidad histórico-cultural diferencial a
escala planetaria y al interior de los países. Las identidades societales y
las clasificaciones raciales van adquirir distintas tonalidades y matices,
dependiendo del lugar y el contexto de referencia, pero lo importante
de esta distinción y clasificación estriba en las políticas de etnicidad11
y formas de gubernamentalidad12 que se van a implementar en las
sociedades poscoloniales, en los Estado-nación de la periferia de
la economía-mundo capitalista. La colonialidad también puede
interpretarse como el lado oscuro de la modernidad, así también
como el lado heterogéneo de la modernidad, que se pretende
universal y basada en principios universalistas. La declaración de los
derechos humanos, pero también la experiencia vertiginosa cuando
todo lo solido se desvanece en el aire13, cuando se disuelven las formas
de comunidad precapitalistas, cuando se diseminan los valores y
las instituciones premodernas, produciéndose en este caosmosis
el átomo del individuo, que entra de lleno al tiempo de la perpetua
transformación constante. La modernidad como cultura planetaria
del capitalismo mundial. Pero ocurre que esta modernidad se expande
y desarrolla acompañada por formas violentas de dominación, formas
que despojan de sus tierras a poblaciones enteras, de sus recursos,
de sus formas de vida, de su energía vital y de sus saberes, ocupando
sus territorios, yuxtaponiendo formas de socialidad a las redes de
11 Ver de Benedict Anderson Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión
del nacionalismo. México, Fondo de Cultura Económica, 1993. También de Partha Chatterjee
La nación en tiempo heterogéneo. Buenos Aires, Siglo xxi, Clacso, 2008.
12 Revisar de Michel Foucault Seguridad, territorio y población. Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 2004.
13 Frase de Karl Marx, empero atribuida a Shakespeare.
El Estado. Campo de lucha
50
relaciones comunitarias ya existentes, cartografiando territorios y
marcando cuerpos, de tal forma que se da lugar la colonización de los
mismos, usándolos como recursos explotables, diferenciando centro
de poder y de acumulación de periferia sometida y de extracción,
racializando a las poblaciones, convirtiéndolas en objetos del ejercicio
de la biopolítica. Ahora bien, estos territorios, estos cuerpos, con sus
formas comunitarias de relacionarse, con sus formas intersubjetivas
propias de comunicarse, con sus maneras de politizar sus demandas,
se convierten con el tiempo en resistencias a la modernidad y al
capitalismo, ofreciéndose como ofrenda y sacrificio, diseñando
alternativas. Podríamos denominar a la modernidad como una
forma aparente y a la colonialidad como su forma efectiva, forma
aparente cultural, política y jurídica, por un lado, y forma efectiva
subordinaciones culturales, de dominaciones polimorfas que obstruyen
las democratizaciones, de ejercicios jurídicos discriminadores.
Empero esta contradicción entre la forma aparente y la forma
efectiva da lugar a culturas proliferantes, actualizadas y emergentes,
a politizaciones de campos no institucionalizados, a replanteos
de derechos colectivos que atraviesan los formalismos jurídicos, a
la circulación de saberes que se oponen a la ciencia universal y a la
filosofía absoluta.
Etnicidad, nación y clase
Las sociedades poscoloniales plantean varios problemas en lo que
respecta a su comprensión y elucidación, uno de estos es el que tiene
que ver con la relación entre etnia, clase y nación. Podemos complicar
un poco más aún esta situación si introducimos también el tema del
Estado. La distinción entre Estado y nación es importante, así como lo
es la diferencia entre etnia y clase. Aunque la formación de los Estadonación
absorbe la nación al Estado, esto no quiere decir que la nación
es lo mismo que el Estado. La formación del Estado, si podemos
hablar así, tiene que ver con las múltiples gubernamentalidades que
son articuladas en forma de agenciamientos, engranajes, máquinas
Raúl Prada Alcoreza
51
políticas que se distribuyen en forma de mapas institucionales.14 La
estatalización de las territorialidades, de los agenciamientos concretos
y relaciones de poder locales, es decir, su apropiación, desarticulación y
transformación a gran escala forma parte del proceso de conformación
del Estado. La institución del Estado pasa por la unificación de las
formas de gobierno y los mecanismos de poder, termina ejerciendo
su jurisdicción a la escala de lo que va ser la nación, incorpora de
modo transversal la legislación y normativa jurídica que permite
la reglamentación del ejercicio de las prácticas institucionalizadas.
Podemos hablar desde esta perspectiva de la triangulación concomitante
entre Estado, derecho y nación. Ahora bien, podemos considerar a
la nación como lo sugiere Immanuel Wallerstein, como que las naciones
no son otra cosa que mitos, en el sentido que son creaciones sociales,
y los estados desempeñan una función central en su construcción.15
Desde esta perspectiva, los estados habrían creado las naciones, las
naciones formarían parte de los procesos de estatalización, pero en
este caso se trataría de la estatalización de los imaginarios. Sin embargo,
esta comprensión de Immanuel Wallerstein supone la construcción, la
supeditación y la articulación plena de la nación al Estado. ¿No hay
nación antes del Estado? Podemos ampliar los horizontes históricos
de la problemática introduciendo un campo de posibilidades mayor,
logrando así una comprensión más abierta de las formas de identidades
colectivas, por ejemplo podemos introducir el tópico de la luchas de
liberación nacional, así mismo podemos introducir en el análisis a
las concepciones de nación emergentes, por ejemplo, las relativas a
los imaginarios colectivos de pueblos indígenas. Es indispensable
considerar los imaginarios colectivos de las resistencias a la colonialidad
y a la modernidad, entendidos como actos de descolonización.
Desde esta perspectiva, no se tiene en cuenta la arqueología del
término nación, que en principio alude a una relación de sangre, la
nación concebida en el sentido de consanguineidad. Desde esta otra
14 Revisar de Michel Focault Seguridad territorio y población. México. Fondo de Cultura
Económica, 2006.
15 Immanuel Wallerstein: Análisis de sistemas-mundo. op. cit. Pág. 79.
El Estado. Campo de lucha
52
faceta habría una construcción de imaginarios nacionales antes del
Estado, a partir de otras condiciones de posibilidad históricas, de
otros espacios de intersubjetividad. Aunque podemos circunscribir el
análisis de Immanuel Wallerstein a la crítica de la nación en los límites
del espacio abierto por el Estado-nación, requerimos de una mirada
más inclusiva de las otras formas de nación, para esto solicitamos
separar la concepción de nación de la concepción de Estado, esto nos
puede llevar a pensar una forma política más allá del Estado, pensar, por
ejemplo, las posibilidades alterativas del Estado plurinacional, pensar
una forma política que no necesariamente tenga que llamarse Estado,
empero comprenda la condición plurinacional. Entre estas variantes,
incluso pensar el Estado plurinacional desde una perspectiva no
moderna del Estado, como una forma política que sea instrumento de
la sociedad, una forma política que se corresponda con las sociedades
autogestionarias y autodeterminantes. En este sentido, estamos
sugiriendo la hipótesis de pensar la nación como imaginario social,
pero también como ámbito de reconocimiento, como forma de difusa
institución cultural que adquiere características de contrapoder,
de contracultura hegemónica y también como espacio dinámico
intersubjetivo descolonizador. Bajo esta consideración es aleccionador
lo que establecen el primer y el segundo artículo de la Constitución
Política del Estado de Bolivia. El primer artículo define el modelo de
Estado como unitario social de derecho plurinacional comunitario
con descentralización administrativa política y autonomías16, en tanto
que el segundo artículo plantea el reconocimiento de la preexistencia
colonial de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos,
por lo tanto el reconocimiento de su derecho al autogobierno, a la
libre determinación, a sus instituciones propias, lengua, normas
y procedimientos característicos, cosmovisión y gestión propias,
reconocimiento de la autonomía y de la consolidación de sus
16 Artículo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional
Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural,descentralizado y
con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismopolítico, económico, jurídico,
cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país
Raúl Prada Alcoreza
53
entidades territoriales.17 En este caso hablamos de nación más en el
sentido cultural, incluso en el sentido territorial, como es el caso de los
suyus, naciones-territorios de las sociedades andinas, conformaciones
complejas, basadas en los ayllus, comunidades duales, asentadas
en distintos pisos ecológicos y markas, pueblos que comprenden
a conjuntos de ayllus. El sentido de naciones y pueblos indígenas
originarios se abre a una pluralidad de configuraciones de nación, a
distintas acepciones colectivas históricas culturales.
De acuerdo a Immanuel Wallerstein las categorías de raza, nación
y clase se corresponden con cada uno de los rasgos estructurales
básicos de la economía-mundo capitalista:
El concepto de raza está relacionado con la división axial del
trabajo en la economía-mundo; es decir, la antinomia centro-periferia.
El concepto nación está relacionado con la superestructura política de
este sistema histórico, con los Estados soberanos que constituyen el
sistema interestatal y se deriva en él. El concepto de grupo étnico está
relacionado con la creación de las estructuras familiares que permiten
que buena parte de la fuerza de trabajo se mantenga al margen de la
estructura salarial en la acumulación de capital. Ninguno de los tres
términos está relacionado directamente con el concepto de clase
y por ello porque clase y pueblo se definen ortogonalmente, lo cual
constituye una de las contradicciones de este sistema histórico.18
Se puede deducir de esta cita que no sólo las categorías de raza,
nación y clase forman parte de los rasgos estructurales básicos de
la economía-mundo capitalista, sino también la categoría de etnia,
así como el mismo concepto de Estado, como vimos más arriba.
Toda la composición social y política es leída a partir de subsunción
formal y real del trabajo al capital, como dispositivos histórico
sociales de los procesos de subsunción del trabajo al capital. En
otras palabras, el capitalismo hace inteligible a las sociedades, a los
17 Artículo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional
Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural,descentralizado y
con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismopolítico, económico, jurídico,
cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.
18 Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nación y clase. Madrid, Iepala, 1991. Pgs. 123-124.
El Estado. Campo de lucha
54
Estados, a las formaciones económicas sociales y a toda la compleja
composición histórica cultural de los sistemas-mundo. Todo esto
parece contrastarse positivamente con la expansión global, dominio
y hegemonía contemporánea del capitalismo. Pero, ¿fue siempre
así, durante los largos ciclos del capitalismo? ¿Qué pasaba en los
lugares donde no había llegado todavía el capitalismo en su proceso
de expansión, sobre todo al principio, durante los primeros ciclos
del capitalismo? ¿Qué pasaba antes del capitalismo? ¿Estas otras
formaciones sociales son incognoscibles? Siguiendo esta lógica,
volviendo al presente, ¿cómo explicar e interpretar los saberes, las
prácticas, las formas, los movimientos de resistencia al capitalismo, a
la modernidad y a la herencia colonial, sus modos de nombrarse, de
construir sus imaginarios, de nombrarse y representarse? ¿No dejan de
ser disfuncionales al capitalismo? Y por lo tanto, no pueden entenderse
como formas desbordantes al modo de producción capitalista. Estas
preguntas nos plantean una duda, ¿la teoría de la economía-mundo
capitalista, el análisis de los sistemas-mundo, abarcan la totalidad del
mundo o hay una parte del mundo que escapa a su mirada?
En primer lugar, qué estamos entendiendo por mundo. Desde
una perspectiva filosófica Eugenio Trías habla de mundos: mundo
teorético referido al orden de los sucesos (el cerco), mundo moral
explícito en la proposición ético-metafísico (el acceso), mundo estético
referido al modo simbólico de exposición de la obra de arte y mundo
histórico moderno explicitado en el juicio o proposición que determina
finalísticamente la propia modernidad (el despliegue).19 Desde una
perspectiva positivista y lógica Ludwig Wittgeinstein se refiere al mundo
como totalidad de todos los hechos. ¿Hablamos de un horizonte de
visibilidad? ¿Hablamos de un horizonte de sentidos? George Bataille
habla de mundo como un horizonte de sentido. También se puede
hablar de un horizonte de visibilidad, por eso se dice que el mundo es
mundo desde el descubrimiento de Américo. Con esta expresión nos
referimos al horizonte abierto por la modernidad. Volviendo al alcance
de la economía-mundo capitalista y del sistema-mundo, Immanuel
19 Eugenio Trías: Los límites del mundo. Barcelona. Ariel, 1985. Pág. 19.
Raúl Prada Alcoreza
55
Wallerstein se refiere a la totalidad de las sociedades, Estados, naciones,
es decir, formaciones-económico sociales concretas atravesadas por
las relaciones de producción capitalistas, articuladas por las lógicas
de acumulación del capital, en los distintos ciclos del capitalismo, es
decir, se trata de una dimensión temporal y espacial. Temporalmente
hablamos de la historia del capitalismo, historia que comprende
las transformaciones habidas en la economía-mundo capitalista,
espacialmente hablamos del planeta tierra. Aparentemente este mundo
abarca todo, esto quiere decir que todo estaría comprometido en el
proceso de acumulación de capital. Nada escaparía a esta lógica de
valorización dineraria, a sus redes de relaciones, a sus estructuraciones
sociales, a sus composiciones económicas, a sus formaciones políticas,
a sus decodificaciones culturales, a su producción de necesidades, a su
compulsivo consumismo, a sus prácticas competitivas y obviamente
al universo complejo y múltiple del mercado, con sus contradictorias
formaciones monopólicas. ¿Hay algo que dentro de este mundo no sea
tomado en cuenta? Podríamos preguntar de manera paradójica: ¿hay
una afuera de este adentro? Que siendo coherentes, tendría que ser
llamado hueco. ¿Habría huecos en este mundo que escaparían al control
del capital, a la hegemonía en el ciclo del capitalismo en cuestión, al
dominio mundial de la forma política imperial? ¿Esto significaría la
presencia oculta, velada u opaca de formas o proyectos alternativos
civilizatorios y culturales? ¿Podemos encontrar esta posibilidad en las
resistencias al despliegue, la circulación y acumulación del capital, en
los movimientos antisistémicos? Esta cuestión va a ser también tema
del presente análisis.
Estado, sociedad y comunidad
El Estado no se desprende de la sociedad como en un acuerdo, pacto
o contrato social, el Estado se constituye en esa diferenciación entre
Estado y sociedad civil, sobre la base de una sociedad atomizada
en individuos, reconociéndoles sus derechos individuales y su
ciudadanía, aunque paradójicamente esta ciudadanía no cubra
El Estado. Campo de lucha
56
a todos. Se hace una abstracción en la formación de los estados y
sociedades liberales, se hace como si el resto no existiera, mujeres
y comunidades. Las comunidades son como la matriz anterior, el
preludio de la sociedad y el Estado. La comunidad comprende formas
de socialidad anteriores a las sociedades mismas. Las comunidades se
conformaron sobre la base de las redes de relaciones de parentesco,
las alianzas familiares, territorialidades, intersubjetividades afectivas,
identidades colectivas, configuraciones culturales. Las comunidades
ancestrales se constituyen imaginariamente en el acto mismo del
sacrificio, esta vinculación con la muerte los arrastra fuera de los
límites mismos de la vida, al más allá, a elucubrar su relación con
lo sagrado y a descubrir lo sagrado en las fuerzas inmanentes de la
vida.20 Esta es una constitución cultural, simbólica, ceremonial, con la
elocuencia de los ritos, de la comunidad ancestral. Para no hablar de
los orígenes de la comunidad sino del nacimiento de la comunidad. Se
trata de una discusión con la historia, por lo tanto mito, acerca de los
orígenes de la comunidad; se puede hablar de nacimientos plurales,
diferenciales, localizados de las comunidades.
Desde esta perspectiva, de las historias efectivas de las
comunidades, se trata de hacer genealogías de las comunidades.
Estos nacimientos tienen que ver primordialmente, probablemente,
con la caza y recolección, hablamos de las comunidades itinerantes,
que se confunden, de manera inmediata, con sus propias estructuras
de parentesco. La arqueología puede enseñarnos mucho de estos
nacimientos proliferantes. Tiempos después, cuando las comunidades
domestican las plantas y aprenden a manejar sus genomas, cuando
desarrollan la agricultura, la llamada revolución verde, las comunidades
establecen alianzas familiares y territoriales, conformando grandes
comunidades o formas expansivas de sociedades territoralizadas. Es
probable que las comunidades mismas se hayan reestructurado y
transformado, recodificando y revalorando sus relaciones y prácticas,
sobrecodificando sus propios símbolos, ampliando los alcances de
las jerarquías y el prestigio, estratificando el campo comunitario.
20 En Subversiones indígenas de Raúl Prada se hace un análisis de la raíz y el devenir de la
comunidad. La Paz, Muela del diablo, clacso, Comuna, 2008.
Raúl Prada Alcoreza
57
Esta ampliación y reestructuración de las comunidades no las hace
desaparecer, más bien las consolida como formas perennes que
sostienen el decurso de las sociedades mismas, pero también de las
formas de poder que se conforman y despliegan. Las comunidades han
sostenido a grandes formaciones sociales y complejas conformaciones
de poder, han sostenido a señoríos, a Tiwanaku, alianzas entre pueblos,
y al Tawantinsuyu, alianza territorial, incluso fueron el sostén en los
primeros años de la República, a través del tributo indígena. Podemos
discutir si hoy siguen siéndolo, a pesar de la injerencia e irradiación
del capitalismo, a través de los enclaves de explotación minera, la
economía de la plata y la economía del estaño, y a través también de
las extensiones, transfiguraciones y simbiosis del mercado, incluyendo
prioritariamente el mercado de la coca. Esta discusión podemos
extenderla a lo que hoy llamaríamos economía de los hidrocarburos,
en vinculación con el ciclo del capitalismo norteamericano, su
hegemonía, dominación y declive.
En muchos escritos he sostenido que las formas de comunidad
siguen siendo la matriz y el sostén del Estado-nación, del Estado y la
sociedad, de la formación económica social boliviana articulada al
mercado mundial y la economía-mundo capitalista. La explicación
de los salarios bajos se da por el entorno de las comunidades
campesinas, por el vínculo con estas comunidades por parte de
los mineros, que supuestamente habrían perdido sus medios de
producción, instrumentos de trabajo y tierra, por su vinculación con
los entornos familiares, que son como pequeñas comunidades en
relación con otras formas comunitarias subsistentes y actualizadas.
La explotación de los recursos naturales por parte de las empresas
trasnacionales en la periferia del mundo capitalista, se lo hace no sólo
ocasionando la proletarización de la población autóctona, sino a través
de la redituación perversa de las formas comunitarias, que donan
fuerza de trabajo de manera permanente o intermitente y sostienen
multifomemente la reproducción social. En estas condiciones se
combinan formas de subsunción formal, de subsunción real y, si
se puede hablar así, de subsunción virtual, del trabajo al capital. La
El Estado. Campo de lucha
58
comunidad entonces retorna, se actualiza, transfigurándose, durante
los ciclos más avanzados del capitalismo.
El Estado-nación habría nacido así, sobre la base de la
diferenciación entre Estado y sociedad civil en Bolivia, diferenciación
efectuada a través de la conformación de la representación, que
vincula a la sociedad civil con el Estado, mediante el ejercicio del voto,
que a su vez se basa en el reconocimiento de la ciudadanía a criollos
y mestizos, hombres ilustrados, propietarios privados, hacendados, y
un entono de sectores medios de artesanos. Estaban excluidos de la
ciudadanía, por lo tanto de los derechos civiles y políticos, indígenas y
mujeres. Una república de minorías sobre los hombros de la mayoría
indígena. Como se puede ver el Estado-nación era una comunidad
imaginada21 en el imaginario de los criollos, por eso mismo una ficción
no compartida por los otros imaginarios, los imaginarios indígenas y
los imaginarios femeninos. Una legitimidad circunscrita a los criollos
y mestizos no es una legitimidad adecuada y requerida por el conjunto
de la población que habita la extensión geográfica de la República. Se
trata de una legitimidad restringida, del ejercicio del voto restringido,
por lo tanto de un ámbito de representación estrecho, así mismo
podemos pensar en un mapa institucional liberal angosto. ¿Cómo pudo
haberse erigido una República en estas condiciones tan circunscritas,
de una modernidad tan incipiente, con la mayoría de la población en
la sombra? La respuesta no se encuentra en el alcance poco propenso
de la modernidad, en el tamaño exiguo de la práctica política, sino
en los ámbitos de las relaciones de poder de carácter colonial. En
realidad estos hombres políticos no eran individuos modernos sino
patrones, hacendados, gamonales, que además de monopolizar tierras
y propiedades mineras, controlaban a las poblaciones indígenas,
dentro de sus haciendas y bajo la cobertura de las relaciones de
servidumbre y subordinación. Las verdaderas relaciones de poder que
sostenían la forma aparente del Estado-nación corresponden a los
ámbitos de despliegue del diagrama de fuerzas colonial. Entiéndase
21 Revisar de Benedict Anderson Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la
difusión del nacionalismo. México. Fondo de Cultura Económica, 1993.
Raúl Prada Alcoreza
59
que este no es un reclamo de modernidad, sino una apreciación de las
formas efectivas de modernidad en la periferia de mundo capitalista.
¿Cuánto de estas paradojas y formas aparentes se dan en el centro
del mundo capitalista? Es posible que esto también ocurra, aunque
con otras características, sin embargo, debemos entender que en
este centro hegemónico y de dominación se han desarrollado de
manera extensa y ejercido de manera más minuciosa las estrategias de
disciplinamiento, diagramas de poder disciplinarios que constituyen
al hombre moderno, a partir de procedimientos de domesticación
y manipulación fragmentaria y detalladla del cuerpo. ¿Qué clase de
internalizaciones, de perfil, de conjunción de fuerzas, de subjetividad
se formó en estas tierras atravesadas por estrategias de colonización y
simultáneamente ocupadas por resistencias comunitarias? ¿Hombres
semimodernos perversamente deformados? ¿Hombres intermediarios,
fronterizos? ¿Semiburgueses intermediariaros entre los dos espacios de
la economía-mundo capitalista, centro y periferia, ricos y mediadores
en el proceso de acumulación, por lo tanto patrones como burgueses?
La modernidad se habría dado de la única manera que podía darse,
como mezcla, entrelazamiento, abigarramiento dramático, en un perfil
subjetivo atormentado y desdichado. Las formaciones aparentes, el
Estado-nación aparente, deriva en una República ilusoria, en contraste
con formaciones históricas complejas, que develan que las cosas, las
relaciones sociales, las instituciones se dan en tiempo heterogéneo.22
La nación en tiempo heterogéneo
¿Qué es la nación? ¿Un sentimiento compartido? ¿La patria liberada?
¿La comunidad imaginada? Si es así, que nación se imaginaban
los guerrilleros de la independencia? La guerrilla de los valles sólo
esporádicamente controlaba la geografía de los escenarios de una
guerra intermitente por la independencia de la patria, término usado
en el diario de José Santos Vargas. Dependían de las incursiones del
ejército de Buenos Aires, así como también de su ausencia, pues
22 Revisar de Partha Chatterjee La nación en tiempo heterogéneo. Buenos Aires, Siglo xxi, clacso, 2008.
El Estado. Campo de lucha
60
cobraban autonomía de acción en prologados lapsos de tiempo. Los
guerrilleros acosaron al ejército realista, pero también eran acosados
por ellos y perseguidos, hacían los que podían para sobrevivir,
movilizaban pequeños contingentes de tropas y tenían mandos
dispersos en los caudillos, quienes no terminaban ponerse de acuerdo
por la conducción de la guerra de guerrillas. Contaban a veces con el
apoyo de comunidades, por lo tanto, a veces crecían sus fuerzas con el
apoyo indígena, pero la mayor parte del tiempo sus desplazamientos
de maniobra corta y con pequeños contingentes. Los nombres de los
guerrilleros se volvieron famosos en las listas del ejército realista, el
mismo que buscaba acabar con ellos fulminantemente y quebrar sus
redes de comunicación. No lo pudo hacer, tampoco venció la guerra
de guerrillas. Sin embargo la huella de esta guerra quedo marcada
en estos territorios de los valles de la Audiencia de Charcas. Tuvieron
alguna relación esporádica con el gaucho Güemes, líder gerrillero del
norte argentino, encargado por Buenos Aires de cuidar la frontera,
pero al final de cuentas dependieron de sus propias fuerzas y de su
convocatoria. ¿Cuál era la nación por la que peleaban los guerrilleros,
pero no pudo ser? Porque la nación que se impuso fue la que dejó el
ejercito independentista en negociación con la oligarquía charqueña
y los doctorcitos de Sucre. Una república acordada después de las
hostilidades, pues el proyecto de Bolívar, de una Patria grande,
no pudo materializarse, debido a la oposición de las oligarquías
regionales, que prefirieron garantizar sus privilegios de hacendados
y propietarios mineros. El proyecto de Bolívar era demasiado grande
para ellos, donde podían perderse y perder. Hay analistas que dicen
que las condiciones no estaban dadas. Valga a saber si esto es cierto,
lo que importa es saber que el ejército independentista no podía
cumplir por si solo con la tarea encomendada, requería de la voluntad
de los lugareños, que por lo que sabemos iba por otros lados. Las
comunidades indígenas no estaban comprometidas con la hazaña,
como lo estuvieron en los levantamientos del siglo xviii. No se tejieron
relaciones de confianza entre comunidades y rebeldes criollos. Si hubo
participación fue circunstancial, no comprometida, como ocurrió
Raúl Prada Alcoreza
61
con los levantamientos de Tupac Amaru, Tupac Katarí, Bartolina Sisa,
Tomas Katarí, que buscaban, se puede interpretar así, la reconstitución.
No se equivocaron las comunidades, porque lo que ocurrió durante la
República fue en contra de ellas, perdieron tierras y autonomía. Pero,
volviendo a la pregunta de qué nación se imaginaban los guerrilleros,
tendríamos que responder que, probablemente, no era algo distinto a
la misma Audiencia de Charcas, pero sin españoles, sin chapetones. En
el mejor de los casos, la imagen de la independencia podía extenderse
a todo el Virreinato de la Plata, debido a las vinculaciones con el
ejército argentino. De todas maneras, esto de la imagen de nación de
los guerrilleros de la independencia no es algo fácil de resolver, pero
de lo que podemos estar seguros es que no había un proyecto político,
tampoco social, menos cultural, de reconstitución.
Hay que entender esta insurgencia en el contexto de la crisis
del sistema colonial, como parte de sus contradicciones inherentes,
del declive y decadencia del imperio español. Desde lejos se puede
decir que el imperio español, es Estado territorial y extraterritorial,
comprendiendo a las colonias, ya no era funcional al nuevo ciclo del
capitalismo, quedó obsoleto ante los requerimientos de las formas
de acumulación de capital, con sus consecuentes expansiones y
transformaciones. Concretamente, quedó obsoleto después de la
revolución industrial que se produjo en Gran Bretaña. El nuevo
capitalismo corría a la velocidad de las máquinas de vapor y el
ferrocarril, la maquinaria industrial transformó las temporalidades
de la producción y la circulación. Aunque parezca paradójico,
los nuevos movimientos independentistas, con sus proyectos de
liberación nacional, de conformación de repúblicas, con pretensiones
de modernización y sueños de modernidad, terminaron siendo
funcionales al ciclo del capitalismo británico. Esta quizás fue la razón
y la condición histórica por la que los movimientos independentistas
del siglo xix prosperaron y terminaron materializando sus proyectos
nacionales. En cambio, los levantamientos indígenas del siglo xviii
fracasaron, no lograron viabilizar sus proyectos de liberación y
reconstitución. Sin embargo, este frustración, viendo el largo tiempo,
El Estado. Campo de lucha
62
la larga duración, viendo desde las perspectivas de las estructuras de
larga duración, fue convertida en memoria e irradiación histórica, con
las recurrentes actualizaciones de la guerra anticolonial inconclusa.
Para dar algunos ejemplos, de este modo podemos leer e interpretar
la guerra aymara en la guerra federal de 1899, en los recurrentes
levantamientos que aparecen insistentemente después de la derrota
de Tupac Amaru y Tupac Katari, atraviesan lo que quedaba del
siglo xviii y recorren el siglo xix, para continuar localmente con los
levantamientos durante el siglo xx. Por este lapso se encuentra los
levantamiento de las comunidades de Jesús de Machaca, durante los
primeros años de la década del veinte. Podemos situar resistencias
hasta la guerra del Chaco y después de esta guerra, hasta la revolución
de 1952 y después de esta revolución. Un levantamiento campesino,
que se hizo famoso, es el relativo a la movilización de los campesinos
del valle en 1974, que termino en la conocida masacre del valle,
pero también derivó en la ruptura del pacto militar campesino y el
nacimiento del movimiento katarista, que, retomando la memoria
larga, desarrollo un proyecto político cultural de reconstitución del
Qullasuyu. Sin embargo, lo más sintomático, de estas actualizaciones
de antiguas luchas, concurre durante las movilizaciones sociales del
2000 al 2005, donde reaparece con fuerza la forma y las estructuras de
la rebelión indígena, la alianza guerrera de los ayllus y comunidades,
la reterritorialización de facto de los espacios ancestrales, ahora
emergentes y sostén de la subversión indígena.
A modo de hipótesis, podemos hablar de dos estructuras de larga
duración que atraviesan los periodos coloniales y republicanos.
La primera y fundamental, la estructura de la rebelión indígena,
constituida, en los levantamiento anticoloniales del siglo xviii, ligada
a un proyecto de reconstitución civilizatorio-cultural y antimoderno;
la segunda, la estructura de la insubordinación criollo-mestiza,
conformada durante los movimientos independentistas, de la guerra
de guerrillas y la guerra de la independencia, ligada a un proyecto
nacional y moderno. Ambas estructuraciones han tenido una
trayectoria casi paralela a lo largo de la historia, hasta encontrarse en
Raúl Prada Alcoreza
63
los acontecimientos de la guerra del gas, de octubre del 2003. Ambas
estructuras y estructuraciones, actualizadas en distintos contextos,
con sus correspondientes transformaciones, condicionan los procesos
histórico-políticos, sus periodos y sus coyunturas, acaecidos en las
temporalidades de la formación económica social, condicionan
las formas efectivas del Estado sociedad concretas, sus complejas
relaciones, sus ámbitos públicos, también sus ámbitos civiles, y
consecuentemente, sobrepasando los límites de la sociedad civil,
la configuración de la sociedad política, como propuesta relacional,
alternativa, de politización de la demanda y de la elaboración de
proyectos alternativos de los subalternos.23
El Estado-nación en el contexto de la globalización
Los Estado-nación habrían iniciado su genealogía con la conformación
de los Estados entre el siglo xvii y xviii en Europa sobre la base de las
Monarquías absolutas. A fines del siglo xviii se conforma la república,
como resultado de la revolución política en Norteamérica, con la
unificación de los Estados de la Unión, en su forma Federal. Poco
después la revolución francesa instaura la república, como resultado
de la revolución social, en su forma más bien unitaria, llevando
adelante la declaración universal de los derechos del hombre,
inscribiendo en el imaginario popular las consignas de libertad,
igualdad y fraternidad.24 Como siguiendo estas declaraciones
democráticas Toussaint L´Ouverture dirigió la inaugural contienda
triunfante por la emancipación de los esclavos modernos en la
colonia francesa de Santo Domingo (Haití). Durante el siglo xix se
constituyen las repúblicas en las llamadas Indias occidentales, como
resultado de las guerras de independencia. En el lapso del siglo xx,
después de la segunda guerra mundial, las colonias europeas en Asia
23 Revisar de Partha Chaterjee La nación en tiempo heterogéneo. Op. Cit. Particularmente el
capítulo. La política de los gobernados.
24 Revisar de Antonio Negri El Poder Constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad.
Madrid, Prodhufi, 1994. En el libro se analiza la diferencia entre la revolución política, de la
independencia norteamericana, y la revolución social, relativa a la revolución francesa.
El Estado. Campo de lucha
64
y África consiguen su independencia. Esta es una brevísima historia
de la conformación de los Estado-nación, pero no podríamos tener
todo el panorama sino recorremos la historia hasta el presente,
cuando los Estado-nación se encuentran cercados y atravesados por
una nueva soberanía, la del imperio25, en el periodo delirante de los
discursos apologetas de la globalización, en el ciclo y el declive de la
hegemonía estadounidense.
Un concepto indispensable para entender la conformación de
los Estados es soberanía, que significa primordialmente legitimidad
del poder. Esta soberanía es transferida del cuerpo del rey al pueblo
por medio de la revolución y las guerras de independencia. En segundo
lugar soberanía significa independencia, quiere decir que el Estadonación
actúa en igualdad de condiciones con otros Estado-nación.
En tercer lugar significa potestad absoluta sobre sus recursos. En
cuarto lugar significa autonomía en cuanto a la capacidad de definir
y diseñar sus propias políticas. Todos estos tres últimos significados
están íntimamente ligados al primero, que es fundamental, pues en
este significado de soberanía como legitimidad radica el secreto de
las formas de dominación modernas. Aunque se haya transferido al
pueblo la soberanía como referente de la legitimidad, ésta justifica
la mediación en las relaciones de poder. La soberanía faculta la
transferencia del poder por delegación a través de la representación, la
soberanía justifica el ejercicio del poder a nombre del pueblo.
La soberanía es una palabra recurrente en los discursos
democráticos, pero también en los discursos revolucionarios, se lo
hace de una manera acrítica, espontánea, como por costumbre, sin
tomar en cuenta la polisemia de sus significados, sobre todo uno,
el original, en el cual soberanía tiene que ver con la legitimidad del
poder. Por eso es importante hacer una especie rápida de arqueología
de la soberanía para develar las formas como los discursos encumbren
los mecanismos de dominación.
25 Ver de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires, Paidos, 2002.
Raúl Prada Alcoreza
65
Teoría de la soberanía
Los discursos de soberanía pueden agruparse en aquéllos que
suponen la teoría jurídica política, que es precisamente la teoría de
la legitimidad del poder. A propósito de esta teoría, Michel Foucault
dice que la teoría política de la soberanía se remonta a la edad media;
procede de la regeneración del derecho romano; se conformó en torno
a la cuestión de la monarquía y del monarca. En este sentido, la teoría
de la soberanía ejerció cuatro papeles:
En primer lugar, tiene que ver con un dispositivo de poder efectivo
que era el de la monarquía feudal. Segundo, sirvió de herramienta y
también de apología para la constitución de las grandes monarquías
administrativas. En esta secuencia, a partir del siglo xvi y sobre todo del
siglo xvii, ya en las circunstancias de las guerras de religión, la teoría de
la soberanía fue un aparato que transitó tanto en un campo como en
otro, que se esgrimió en un sentido u otro, ya fuera para circunscribir
o, al contrario, para robustecer el poder real.26
En síntesis, la teoría de la soberanía fue la gran arma de la querella
política y teórica entorno de las modalidades de poder de los siglos xvi y
xvii. En el siglo xviii volvemos a encontrarla, como versión decimonónica
del derecho romano, en Rousseau y sus contemporáneos, esta vez
con un cuarto papel: en ese período se trata de edificar, contra las
monarquías administrativas, autoritarias y absolutas, un prototipo
alternativo, de las democracias parlamentarias.27 Como se puede ver se
puede decir que la teoría de la soberanía transita, durante este tiempo,
de la cuestión de las monarquías, de los problemas de legitimidad
planteados por el poder absoluto, por el poder real, a la cuestión de la
legitimidad del poder en las repúblicas. Ya no se trata de la soberanía
del soberano sino de la soberanía del pueblo. En otras palabras, el
pueblo es el nuevo soberano. Pero, entonces la figura del pueblo se
construye sobre el arquetipo de la unicidad del poder, como un solo
26 Revisar de Michel Foucault. Defender la sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Pág. 42.
27 Ibídem. Pág. 43.
El Estado. Campo de lucha
66
cuerpo ungido por la legitimidad popular. Bajo esta figura el pueblo
transfiere el poder a sus representantes. Este es el acto supremo de
construcción de la representación como mediación del poder. Se
podría decir, con cierta aproximación no exenta de equívocos, que, de
esta forma, el poder ya no la ejerce el pueblo sino sus representantes.
Esto es relativamente cierto, pues, en verdad, nadie deja de ejercer el
poder, porque el poder atraviesa a todos, gobernantes y gobernados,
como también a dominantes y dominados, todos lo usan, sólo que
unos de una determinada manera y otros de otra. Los representantes
usan el poder de una manera unificada, como monopolio, en tanto
que el pueblo usa el poder de una manera dispersa, fragmentada, en el
contexto del tejido de relaciones que componen la sociedad. Se puede
decir que los representantes ejercen el poder de forma institucional,
de una manera molar, y que el pueblo ejerce el poder de forma
espontánea, de manera molecular. Se produce un trastrocamiento, una
desmesura, cuando se da lugar la revolución, poniendo en suspenso el
mapa institucional y los mecanismos de dominación.
Desarrollando los tópicos de la teoría jurídica política, se puede
decir que la teoría de la soberanía está enlazada a una forma de poder
que se practica sobre la tierra y sus productos, no tanto sobre los
cuerpos y lo que hacen, como ocurre con otras formas de poder, como
en el caso del diagrama de poder disciplinario. La teoría de la soberanía
atañe al traslado y usurpación, no del tiempo y del trabajo sino de los
bienes y la riqueza por parte del poder. La teoría de la soberanía accede
transcribir en expresiones jurídicas unos compromisos intermitentes
y habituales de preceptos, sin llegar a reglamentar una vigilancia
perpetua; es una teoría que faculta fundar el poder alrededor y desde
la presencia física del soberano y no de los procedimientos incesantes
y durables de vigilancia. La teoría de la soberanía es lo que permite
fundar el dominio absoluto del poder; por lo tanto se está lejos del
cálculo del poder que establece el balance del mínimo de gastos y
el máximo de eficacia.28 Se puede decir que el diagrama del poder
soberano comprende la administración de las cosas y los recursos, en
28 Ibídem. Págs. 43-44.
Raúl Prada Alcoreza
67
tanto que el diagrama de poder disciplinario trabaja sobre el tiempo de
los cuerpos y el detalle de su anatomía, sus movimientos y su dinámica
de una manera minuciosa.
Se produce entonces una yuxtaposición entre el diagrama de
poder soberano y el diagrama de poder disciplinario, el discurso de
la soberanía es usado para encubrir los mecanismos de dominación
disciplinarios, en tanto que el discurso relativo al diagrama disciplinario
de desarrolla como discurso de las ciencias humanas. Cuando la teoría
jurídica política abandona la cuestión de la monarquía para ocuparse
de las democracias parlamentarias, la teoría de la soberanía fue, en el
siglo xviii y aún en el xix, un dispositivo discursivo crítico consistente
contra la monarquía y todas las dificultades que podían oponerse al
desenvolvimiento de la sociedad disciplinaria. Pero, también, de modo
superpuesto, esta teoría y la disposición de un código jurídico ajustado
a ella permitieron entrecruzar a los mecanismos de disciplina un
sistema de derecho que encubría sus procedimientos, que desvanecía
lo que podía haber de dominación y técnicas de dominación en la
disciplina. En este contexto, la teoría de la soberanía reconocía a cada
uno el ejercicio, a través de la soberanía del Estado, de sus propios
derechos soberanos.29 La soberanía del Estado se convierte en un
garante de los derechos individuales, de los derechos civiles y políticos,
de los derechos humanos. El Estado, en otras palabras, la constitución,
es el marco jurídico de estos derechos. Dicho de otra manera, hay una
concomitancia entre el Estado y los ciudadanos.
Es importante entender que la teoría de la soberanía se
plantea ineludiblemente fundar un ciclo, el ciclo del sujeto al sujeto
(súbdito), exponer cómo un sujeto entendido como individuo dotado,
naturalmente, de derechos, capacidades, facultades, atributos y
potencialidades puede y debe trocarse en sujeto, pero entendido esta
vez como unidad sometida en una relación de poder. La soberanía es
la teoría que va del sujeto al sujeto, que instaura la relación política del
sujeto con el sujeto. En este sentido, la teoría de la soberanía determina,
en el comienzo, una multiplicidad de poderes que no lo son en sentido
29 Ibídem. Pág. 44.
El Estado. Campo de lucha
68
político del término, sino capacidades, posibilidades, potencias,
y sólo puede componerlos como tales, en el sentido político, con el
requisito de haber conformado en el ínterin, entre las posibilidades y
los poderes, una situación de unidad primordial y productora, que es
la unidad del poder.30 El Estado se yergue como monopolio político,
pero también como dador político, como asignador político, no sólo
como garante sino también como distribuidor, pero también como
promotor político.
Como se puede ver, hay una relación constitutiva entre Estado y
sociedad, pero también una relación de transferencia entre legitimidad
y legalidad. La teoría de la soberanía expone cómo puede erigirse un
poder no exactamente según la ley sino según una cierta legitimidad
fundamental, más fundamental que todas las leyes; se trata de
una especie general de todas las leyes y que puede permitir a éstas
funcionar como tales. En otras palabras, la teoría de la soberanía es
el ciclo de la legitimidad y la ley. Digamos que, de una u otra manera,
la teoría de la soberanía conjetura al sujeto; señala a fundar la unidad
esencial del poder y se despliega siempre en el elemento previo de la
ley. Triple condicionalidad, por lo tanto: la del sujeto a someter, la de
la unidad del poder a fundar y la de la legitimidad a respetar. Triángulo
instituyente: sujeto, unidad de poder y ley.31
La soberanía del Estado-nación
Se dice que el Estado creo la nación y no la nación al Estado, como
se ha querido proponer de un modo retroactivo, en el despliegue
del discurso de legitimación del poder del Estado. Antonio Negri
y Michel Hardt dicen que la concepción de nación se desplegó en
Europa sobre el suelo del Estado patrimonial y absolutista. El Estado
patrimonial se definía como la propiedad del monarca.32 Otra es la
historia de los otros continentes, se puede decir que allí llegó el Estado
30 Ibídem. Pág. 49.
31 Ibídem. Pág. 50.
32 Revisar de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires, Paidós, 2002. Pág. 97.
Raúl Prada Alcoreza
69
en su forma colonial, como expansión imperial, como administración
extraterritorial europea. Después, la constitución de los Estado-nación
en las excolonias intenta oponerse al colonialismo y salir del mismo,
empero lo hace en el contexto mundial dibujado por la colonización, en
cierta manera, en las jurisdicciones de las administraciones coloniales
se instauran los Estado-nación subalternos.
Volviendo a la historia europea, los autores del Imperio33 dicen que
el cambio del modelo absolutista y patrimonial gravitó en un desarrollo
gradual que substituyo el cimiento teológico del patrimonio territorial
por un nuevo cimiento, igualmente trascendente. En el sitio dejado
por el cuerpo divino del rey, ahora se colocaba la afinidad subjetiva
de la nación, la que formaba del territorio y la población un pueblo
ideal. Para exponerlo de un modo más riguroso, el territorio físico y
la población se imaginaron como la prolongación de la substancia
trascendente de la nación. El concepto moderno de nación heredaba
así el cuerpo patrimonial del Estado monárquico y le inventaba una
nueva forma.34 El imaginario de la nación se configura así sobre la
base del arquetipo del cuerpo del Estado absolutista, la reconstrucción
imaginaria invierte los términos, la nación se convierte en el origen del
Estado, esta invención histórica, esta reconstrucción actualizada del
tiempo histórico, tiene que ver con los discursos de legitimidad, con
la recomposición del concepto de soberanía. La nación se convierte
en la substancia trascendente que atraviesa los tiempos, en el espíritu
que se realiza en el Estado. En esta dialéctica de objetivación, la
nación se materializa en el territorio y la población. Algo parecido, en
un contexto distinto, es lo que sucede en las sociedades que fueron
colonizadas, la nación es un imaginario trascendente que fundamenta
la independencia y la constitución de los Estado-nación, sólo que en
este caso se recurre a la resignificación y reinterpretación de las propias
tradiciones. Visto de esta forma, habría que decir, que en ambos casos,
la dialéctica de la historia concibe la substancia trascendente de la
nación sede como acontecimiento inmanente, como pasión, como
sensibilidad social.
33 De Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires, Paidós, 2002.
34 Ibídem. Pág. 98.
El Estado. Campo de lucha
70
El despliegue imaginario de la filosofía de la historia, sobre todo
ante la evidencia de la crisis de la modernidad, que todo lo disuelve, la
manera de solicitar soporte para el poder efímero de la soberanía, como
arreglo a la crisis de la modernidad, fue imputárselo inicialmente a la
nación y luego, cuando la nación también se descubrió como un recurso
perecedero, arrogárselo al pueblo. Dicho de otra manera, así como el
concepto de nación consuma la noción de soberanía procurando que
es preliminar a ella, el concepto de pueblo también perfecciona el de
nación en integridad de otra imagen simulada de retracción racional.
Cada paso metódico hacia a la zaga tiende a coagular el poder de la
soberanía ensombreciendo su plataforma, esto es, estableciéndose
en la realidad del concepto. La afinidad de la nación y más aún la
homogeneidad del pueblo deben exhibirse como algo congénito y
vernáculo.35 Otro triángulo constitutivo: Estado, nación y pueblo.
Teniendo en cuenta el triángulo constitutivo e instituyente de
Estado, nación y pueblo, haciendo una crítica al concepto de pueblo,
Antonio Negri y Michael Hardt dicen que, aunque el pueblo se plantea
como fundamento primigenio, la concepción moderna del pueblo
es en realidad producto del Estado-nación y sólo subsiste dentro de
las condiciones ideológicas concretas.36 Ampliando, aproximando y
articulando categorías, comprendiendo el contexto de la colonización,
la mundialización de la economía-mundo capitalista, la expansión
integral de la dominación de los Estado-nación centrales, de los
imperialismos sucesivos y del Imperio contemporáneo, las categorías
de nación, pueblo y raza de ningún modo están muy aisladas entre
sí. La arquitectura de una desigualdad racial categórica es el apoyo
primordial para forjar una identidad nacional uniforme.37 Los
europeos se van a distinguir del resto del mundo mediante este
procedimiento geopolítico de racialización, que es otra manera de
establecer la diferencia entre dominantes y dominados, colonizadores
y colonizados, burgueses y proletarios. Por lo tanto se trata de
35 Ibídem. Pág. 104.
36 Ibídem. Pág. 104.
37 Ibídem. Pág. 105.
Raúl Prada Alcoreza
71
homogeneizar y domesticar la diversidad y la diferencia de la multitud
en la concepción de pueblo. La similitud del pueblo se erigió sobre
un mapa imaginario que escondió y excluyó las diversidades y, en el
nivel práctico, esto se trocó en la sumisión racial y el saneamiento
social.38 Se trata de distinguir a escala mundial el pueblo blanco
de las poblaciones morenas colonizadas, dominadas, explotadas y
subordinadas a dominio imperialista, primero, y del imperio después.
En esta perspectiva, se puede decir que la otra maniobra substancial
en la arquitectura del pueblo, facilitada por la primera, consistió en
superar las diferencias internas ocasionando que un grupo, una clase
o una raza hegemónica representara a la población en su conjunto. El
racimo representativo es el apoderado diligente que está a la zaga de la
vigencia del concepto de nación.39 En este sentido, representación es
no sólo repetición sino también represión, inhibición, pero también
expropiación, usurpación, de la expresión auténtica de las poblaciones
y las multitudes.
Los Estado-nación subalternos
El hecho de que se instauren Estado-nación en la periferia del
sistema-mundo, como acto de liberación, como acción anticolonial y
acto descolonizador, muestra que la modernidad ha llegado a todas
partes, nos ha comprometido a todos, al centro y a la periferia de la
economía-mundo capitalista, a los países imperialistas y a los países
colonizados. Sin embargo, el significado político del Estado-nación no
es el mismo en uno y otro lugar. En tanto que bajo la influencia de los
dominadores el concepto de nación suscita la estásis y la restauración,
bajo la influencia de los dominados es un instrumento empleado para
provocar el cambio y la revolución.40 Podemos decir, de cierta manera,
haciendo un balance histórico que si bien la construcción imaginaria
de la nación precede a la formación del Estado en Europa, como
38 Ibídem. Pág. 105.
39 Ibídem. Pág. 105.
40 Ibídem. Pág. 107.
El Estado. Campo de lucha
72
hemos visto, en cambio en los territorios colonizados va a ser una
noción que antecede a la construcción del Estado. Esta historia no se
da de la misma manera aquí y allá, hay que considerar las diferencias
contextuales histórico-políticas, empero lo que importa, para
contrastar, es constatar la diferencia, la forma invertida en la que se da
la conformación del Estado-nación en la periferia. En este ámbito del
mundo, si se puede hablar así, de alguna manera, la nación construye
al Estado, la comunidad imaginada, a decir de Benedic Anderson,
construye la materialidad institucional, jurídico-política, del Estado.
Se puede decir que el nacionalismo de los países dominados se
comporta de una manera antiimperialista y anticolonial. La complexión
progresista del nacionalismo subalterno resulta determinada por
dos aplicaciones básicas, ambas en alto grado inciertas. Ante todo
la nación se ostenta como progresista en consonancia con la línea
de defensa contra la dominación de naciones más poderosas y de
fuerzas exteriores económicas, políticas e ideológicas.41 De esta forma,
el nacionalismo subalterno ingresa a la modernidad, pero buscando
en ella condiciones de igualdad entre los Estado-nación. Desde esta
perspectiva, la modernidad no es solamente la cultura donde todo
lo sólido se desvanece en el aire, la experiencia de la vertiginosidad
y el suspenso, la volatilidad y la velocidad, del trastrocamiento y de
la transformación, sino también la cultura de la equivalencia y del
intercambio, de la analogía y la similaridad, aunque también de
la mímesis y la simulación, así mismo de la comunicación y de la
virtualidad. Aunque en este contexto se logra la liberación nacional, el
concierto de las naciones, el mundo conformado por Estado-nación,
no logra resolver el problema de la reiteración de las desigualdades
en otras condiciones. No solamente hablamos de las desiguales
condiciones de intercambio en el mercado internacional sino también
sino de la reproducción de nuevas formas de dominación, que se ha
venido en llamar neocolonialismo. No hablamos del colonialismo
interno que suscitan las nuevas repúblicas, sino de las condiciones
de subalternidad en las que se encuentran los Estado-nación de la
41 Ibídem. Pág. 107.
Raúl Prada Alcoreza
73
periferia respecto al centro del sistema-mundo. De todas maneras,
ambas formas, el neocolonialismo a escala mundial y el colonialismo
interno parecen complementarse. Por eso, se puede decir que, en cada
uno de estos casos, la nación es progresista estrictamente como una
línea fortificada de defensa contra fuerzas exteriores más poderosas.
Sin embargo, así como se presentan progresistas en su puesto protector
contra la dominación extranjera, esas mismas murallas pueden pasar
cómodamente a ejercer un papel inverso en correlación con el interior
que protegen.42
La dialéctica de la soberanía colonial
Hablamos de la crisis de la modernidad, o mas bien, entendemos la
modernidad como crisis, y lo hemos hecho entendiendo esta crisis
como crisis de legitimidad, crisis de la soberanía, crisis del poder, de la
reproducción del poder, por lo tanto, crisis de representación, crisis de las
instituciones, crisis del discurso jurídico-político frente a la elocuencia
de los acontecimientos que se mueven en el ámbito histórico-político.
También podemos hablar de crisis de las sociedades modernas, en el
sentido más material del término, como crisis orgánica y estructural
del capitalismo, por eso mismo crisis del orden social, de la estructura
de clases, comprendiendo a esta crisis como lucha de clases, por eso
concibiendo esta crisis como revolución, como devenir de la potencia
social, como desplazamiento del poder constituyente, por lo tanto
como democracia. En este sentido entendiendo la democracia como
suspensión de los mecanismos de dominación.43 En la medida que el
mundo es mundo desde el descubrimiento de América, a medida que
el mundo se hace mundo con las conquistas y las colonizaciones, con la
expansión del sistema-mundo capitalista, convirtiéndose en economíamundo,
la crisis de la modernidad adquiere otras connotaciones, la
crisis de la modernidad es también crisis de la colonialdad. La crisis
de la modernidad sostuvo desde el comienzo una relación intrínseca
42 Ibídem. Pág. 107.
43 Ver de Ranciere. El desacuerdo.
El Estado. Campo de lucha
74
con la subordinación racial y la colonización44. El decurso de la
modernidad es contradictorio, por una parte expande la utopía de
la universalidad, pero por otra parte recrea en otras condiciones las
cartografías del poder, la geografía de las dominaciones, la geopolítica
imperialista. Este decurso de la modernidad es contradictorio y parece
no poder resolverse sino en tanto no se configure una alternativa a la
modernidad. De todas maneras, el componente utópico, el componente
quimérico de la globalización es lo que imposibilita caer llanamente
en el particularismo y el recogimiento como resistencia a las fuerzas
totalizadoras del imperialismo y la dominación racista, y lo que, en
cambio, nos inspira a concebir un propósito contra la globalización,
un proyecto contra el imperio.45
Viendo retrospectivamente, el capitalismo habría surgido en
Europa gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de los pueblos
no europeos conquistados y colonizados.46 Visto de esta forma, el
capitalismo no puede comprenderse sólo a partir de la lucha de clases
en Europa, entre obreros y burgueses, a partir de la teoría del modo
de producción capitalista, sino que debe necesariamente incorporarse
para su comprensión la lucha de los pueblos colonizados. Esto requiere
unas teorías plurales de las formaciones económicas sociales, esto
conduce a pensar en el devenir, conformación, consolidación y crisis
de la economía-mundo capitalista.
Bajo estas consideraciones, con todo, la producción de los esclavos
de América y el comercio de Esclavos africanos, la indemnización,
la homogenización clasificada de los pueblos nativos, no fueron sólo,
o predominantemente, una transición al capitalismo. Compusieron
un cimiento realmente estable, una plataforma de sobreexplotación
sobre la cual se edificó el capitalismo europeo. Y aquí no hay ninguna
contradicción: la mano de obra esclava de las colonias, la mano de
obra servil de los nativos, hizo posible el capitalismo europeo y el
44 Ibídem. Pág. 115.
45 Ibídem. Pág. 116.
46 Ibídem. Pág. 118.
Raúl Prada Alcoreza
75
capitalismo europeo no tenía ningún interés en renunciar a ella.47
¿Qué papel jugaron las burguesías, tanto centrales como periféricas,
en esta expansión arrasadora del capitalismo y la modernidad? En
este sentido, más que delatar la irracionalidad de la burguesía, lo
imprescindible aquí es entender hasta qué punto la esclavitud y la
servidumbre puede ser íntegramente compatible con la producción
capitalista, como engranajes que restringen la movilidad de la fuerza
laboral y entorpece sus movimientos. La esclavitud, la servidumbre
y todas las demás formas de disposición restrictiva de la mano de
obra desde los culies del Pacífico hasta los peones rurales de América
Latina, el apartheid de Sudáfrica son todos componentes inherentes a
los procesos del desarrollo capitalista.48
Podemos hacer una lectura dialéctica de la colonización, el
colonialismo homogeniza las diferencias sociales reales instituyendo
una antítesis perentoria que lleva las diferencias a un extremo absoluto
y luego subsume la tesis y la antítesis en la construcción de la civilización
europea. Empero, la realidad no es dialéctica; el colonialismo lo es.49
Michel Foucault decía que la burguesía era dialéctica pues había
hecho la síntesis del modelo monárquico, el modelo jurídico político,
con la guerra de razas, la guerra de naciones, entre conquistados y
conquistadores, con la lucha de clases, el modelo histórico-político.
Ahora, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que la dominación colonial
es dialéctica, pues habría hecho la síntesis entre el modelo colonial
de dominación excluyente y racial, con la violencia revolucionaria y
antiimperialista de los pueblos colonizados, en la conformación de
un orden mundial multinacional, que se basa en la supuesta igualdad
de los Estado-nación, de acuerdo al derecho internacional, y sin
embargo vuelve a restaurar la diferencial condición de dominación
y subordinación. El colonialismo es una máquina abstracta que
produce alteridad e identidad. El primer resultado de la lectura
dialéctica es pues el falseamiento de la diferencia racial y cultural. Esto
47 Ibídem. Pág. 120.
48 Ibídem. Pág. 122.
49 Ibídem. Pág. 127.
El Estado. Campo de lucha
76
no significa que, una vez exploradas como construcciones postizas,
las identidades coloniales se precipiten en el aire; son figuras reales
y continúan desempeñándose como si fueran fundamentales. Esta
comprobación no es una política en sí misma, sino que estrictamente
señala la posibilidad de una política anticolonial. En segundo lugar,
el razonamiento dialéctico deja claro que el colonialismo y las
representaciones coloniales se fundan en una violenta lucha que debe
renovarse permanentemente. El sí mismo europeo necesita ejercer la
violencia y necesita afrontar a su Otro para sentir y mantener su poder,
para de este modo rehacerse continuamente.50
Como respuesta a la dialéctica positiva de la dominación colonial,
los pueblos colonizados, en lucha por su emancipación, desarrollan
una dialéctica negativa. La mayoría de las veces, la dialéctica negativa
fue concebida en términos culturales, por ejemplo, como proyecto de
la negritud, el intento de descubrir la esencia negra o revelar el alma
negra. De acuerdo con esta lógica, la respuesta a las representaciones
colonialistas debe implicar la creación de representaciones recíprocas
y simétricas.51 Esta inversión del mundo de las representaciones
pretende invertir el mundo de las relaciones de poder y de los sujetos
involucrados en ellas. Sin embargo, la inversión de la estructura
colonial no hace otra cosa que conservar la estructura misma, cuando
de lo que se trata es de ir más allá de esta estructura. De este modo,
puede continuarse por otros caminos el colonialismo y la colonialidad,
aunque hayan sido cuestionados, aunque hayan sido rechazados
violentamente, en la medida que quede la huella de su memoria,
pueden repetirse en otras condiciones. A pesar de la congruente lógica
dialéctica de esta política cultural sartreana, la estrategia que propone
nos parece consumadamente ficticia. La pujanza de la dialéctica, que
en manos del poder colonial desfigura la realidad del mundo colonial,
se patrocina nuevamente como parte de un proyecto anticolonial
como si la dialéctica fuese en sí misma la forma real del movimiento
de la historia. Sin embargo, ni la realidad ni la historia son dialécticas y
50 Ibídem. Pág. 127.
51 Ibídem. Pág. 128.
Raúl Prada Alcoreza
77
ninguna gimnasia retórica idealista puede hacerlas entrar en un orden
dialéctico.52 La violencia inicial de dominación se inscribe en el cuerpo,
esta violencia acumulada en el espesor del cuerpo se revierte contra los
opresores, esta violencia parece liberarnos, sin embargo, en la medida
que no trascienda la estructura colonial, en la medida que no trastroqué
el modelo colonial, no termina emancipando a los sojuzgados. La
coyuntura original de la violencia es el del colonialismo: la dominación
y la explotación de los colonizados por parte de los colonizadores.
La segunda coyuntura, es decir, la revelación de los colonizados a la
violencia original, puede adquirir en el contexto colonial todo tipo
de formas desmedidas. El hombre colonizado manifestará primero
la agresividad que le fue depositada en sus huesos contra su propia
gente.53 La violencia depositada en los huesos se revierte contra los
colonizadores, pero en la medida que no logra abolir la geopolítica y la
anatomía de la dominación, no termina de liberarnos de la superación
dialéctica del colonialismo.
En esta perspectiva, el concepto mismo de soberanía nacional
liberadora es vacilante, si no ya completamente contradictorio.
Mientras este nacionalismo pretende liberar a la multitud de la
dominación extranjera, erige estructuras internas de dominación
que son igualmente implacables.54 El Estado-nación postcolonial
funciona como un aparato primordial y dependiente de la distribución
global del mercado capitalista. Como sostiene Partha Chatterjee, la
liberación nacional y la soberanía nacional no sólo son impotentes
contra esta jerarquía capitalista global, sino que además contribuyen
espontáneamente a preservar su organización y funcionamiento.55
Todo el proceso lógico de representación podría resumirse del
modo siguiente: el pueblo representa a la multitud, la nación representa
al pueblo y el Estado representa a la nación.56
52 Ibídem. Pág. 129.
53 Ibídem. Pág. 129.
54 Ibídem. Pág. 131.
55 Ibídem. Pág. 131.
56 Ibídem. Pág. 131.
El Estado. Campo de lucha
78
Horizontes del Estado plurinacional
Fin del Estado-nación
El paso del Estado-nación al Estado plurinacional, comunitario y
autonómico es todo un desafío. Se trata de dejar la modernidad, la
historia de la soberanía en la modernidad, la historia del Estado en la
modernidad, la historia de una relación entre Estado y sociedad, una
historia que define la separación entre gobernantes y gobernados,
entre sociedad política y sociedad civil, en un contexto matricial
donde se demarcó la relación entre dominantes y dominados, a
partir de mecanismos de dominación y diagramas de poder que
atraviesan los cuerpos y los territorios, incidiendo en las conductas y
comportamientos, en la administración de la tierra y los territorios,
en la explotación de la fuerza de trabajo. Dejamos atrás una
historia de colonización y dominaciones polimorfas desplegadas
en el mundo, donde la geopolítica de la economía-mundo y del
sistema-mundo capitalista divide el planeta entre centro y periferia,
racializando la explotación de la fuerza de trabajo y controlando las
reservas y recursos naturales, estableciendo una división del trabajo
planetaria, convirtiendo a los países periféricos en exportadores de
materias primas y reservas de mano de obra barata, transfiriéndoles
más tarde, a algunos de estos países que ingresan tardíamente a la
revolución industrial, tecnología obsoleta, desplazando la industria
pesada, considerada de alta y masiva inversión de capital, pero con
bajos rendimientos a mediano y largo plazo, prefiriendo optar por
eso por la circulación y la inversión del capital financiero, que rinde
grandes beneficios a corto plazo. Dejamos atrás entonces la ilusión
que provocaron los Estado-nación subalternos, una vez concluidas
las guerras de independencia y las luchas de liberación nacional,
la ilusión de nuestra independencia e igualdad en el concierto
de las naciones, en el marco jerárquico de las Naciones Unidas.
Descubrimos dramáticamente que no se logró la descolonización,
tampoco la independencia y menos haber logrado establecer
Raúl Prada Alcoreza
79
condiciones de igualdad entre los estados. Los Estado-nación
centrales, sobre todo los que están en la franja de seguridad de
Naciones Unidas, siguen imponiendo sus condiciones al resto del
mundo, sin importarles el derecho internacional y el derecho de las
naciones a la autodeterminación.
Después de la caída de los países socialistas de la Europa oriental,
Estados Unidos, Europa y Japón, quizás China también, imponen su
diseño de orden mundial al resto de los Estado-nación, bajo la conducción
norteamericana. En lo que corresponde al ciclo del capitalismo
estadounidense, la hiperpotencia mundial norteamericana condujo la
expansión, la acumulación y la transformación del capitalismo, sobre
todo después de la segunda guerra mundial, después de la conflagración
su gravitante presencia fue innegable. Se convirtió en el garante
de la economía-mundo capitalista, construyó su expansiva hegemonía
desde la finalización de la guerra mundial hasta la derrota sufrida en
la guerra de Vietnam; después de este acontecimiento su hegemonía
entra en crisis y opta por la descarnada dominación; particularmente
esto es patente después de la caída de la Unión Soviética, cuando se
convierte en la única superpotencia mundial. Podemos decir que, en
el contexto del declive de la hegemonía norteamericana, en pleno
desplazamiento de la crisis del ciclo del capitalismo estadounidense,
en el atiborrado momento crítico caracterizado por la hipertrofia
financiera, que opta diferir la crisis por medio de la financierización,
ocasionando no otra cosa que la agudización y profundización de
la crisis misma, la forma del Estado-nación entra también en crisis
o, más bien, revive su crisis de modo manifiesto. Esto por una razón
entre muchas otras, además de la historia crítica de las formas de
soberanía, la razón es que los Estado-nación no pueden resolver la
crisis, no pueden oponerse a su irradiación, les resulta difícil construir
una alternativa, a no ser la repetición tardía de proyectos desarrollistas
y de las metas de la industrialización, proyectos que no hacen otra cosa
que recrear escenarios donde se replantean las relaciones entre centro
y periferia, reacondicionando y trasladando la dinámica de la crisis a
otros espacios, que ya no son sólo los correspondientes a las economías
basadas en la exportación de materias primas sino también a las
El Estado. Campo de lucha
80
nuevas economías basadas en la industrialización. Las economías de
los Estado-nación, basados en el desarrollo y la industrialización, son
obligadas a competir en el mercado internacional con los altamente
productivos países asiáticos. Se puede decir que los Estado-nación se
mueven en un intervalo de opciones que se circunscriben a administrar
la crisis.
La salida a la crisis estructural del capitalismo sólo se puede dar
a escala mundial, esta superación de la crisis del capitalismo solo se
puede dar ingresando a un nuevo horizonte histórico y cultural, un
horizonte que se sitúa en otro espacio-tiempo, que se encuentra más
allá del mundo capitalista, más allá del mundo moderno. Mientras
tanto, en este encaminarse, en la transición a un postcapitalismo,
se hace necesario preparar el terreno, crear las condiciones para la
superación del capitalismo. Para el transcurso de esta transición
transformadora es menester la imaginación y lo imaginario radicales,
su potencia creativa, además de la fuerza instituyente. A propósito,
en relación a la estructura institucional -algo que se dijo durante la
Asamblea Constituyente vale la pena recordar- se requiere un nuevo
mapa institucional, pero también se requiere un nuevo imaginario
social. Ambos ámbitos, lo imaginario y lo institucional, requieren de
una conexión simbólica. En resumen, estos tres ámbitos, lo imaginario,
lo simbólico y lo institucional hacen al horizonte histórico cultural; en
ese sentido, un nuevo horizonte histórico y cultural se abre cuando
se dan transformaciones imaginarias, transformaciones simbólicas y
transformaciones institucionales.57
¿Qué papel juega en todo esto la economía? Si llamamos
economía al espacio de la producción, distribución y el consumo,
fuera de denominarse así la disciplina o ciencia, como se quiera llamar,
que estudia este espacio, estos procesos, estos fenómenos. La ciencia
económica cuenta además con un área llamada economía política. Se
puede ver que el espacio económico está constituido por relaciones
sociales. En este espacio histórico se formaron instituciones, llamadas
57 Revisar de Cornelius Castoriadis La institución imaginaria de la sociedad. Volumen 1:
Marxismo y teoría revolucionaria. Volumen 2: El imaginario social y la institución. Buenos
Aires. Tusquets, 2003.
Raúl Prada Alcoreza
81
empresas, en el nivel más propio de la economía, organizaciones
organismos, dispositivos jurídicos, disposiciones políticas, a
escala nacional y a escala mundial. Estas instituciones no podrían
funcionar sin recurrir al lenguaje, a nuevas cadenas simbólicas,
sobre todo no podrían constituirse si no se instauran también en la
dimensión imaginaria de la sociedad, en ese sentido la economía es
también una institución imaginaria. La racionalización que conlleva
su conformación y organización corresponde a los nuevos sistemas
simbólicos y formas imaginarias construidos durante la modernidad. El
fenómeno de la autonomización económica es moderno, corresponde
al desarrollo del capitalismo, que ha convertido al espacio económico
no sólo en autónomo sino en predominante respecto a otros espacios
de la vida social. La economía se ha expandido, ha irradiado todas
las áreas, mercantilizando sus relaciones y sus actividades. Hay
un dominio casi absoluto de la economía, aunque esto se da en el
sentido del fetichismo de la mercancía, es decir, como alienación,
como cosificación; se concibe las relaciones entre humanos como si
fuesen relaciones entre cosas. No se trata de reducir este problema
a la tesis dialéctica de la conciencia enajenada, conciencia atrapada
en la relación con el objeto, sin poder constituirse en autoconciencia
que se reconoce en la relación con otra autoconciencia. El problema
es más complejo, aunque, en todo caso tendríamos que hablar de
una conciencia histórica, por lo tanto social, colectiva. El problema
no se reduce a lo que le pasa a la conciencia o a lo que le pasa al
sujeto, sea esta conciencia o este sujeto individual o colectivo; el
problema responde a sus condicionamientos históricos. Por un lado,
el desarrollo del capitalismo transforma las sociedades trastocando
sus relaciones, sus instituciones, sus ámbitos de funcionamiento,
sus cadenas simbólicas, sus circuitos significantes, creando
alternativamente ámbitos nuevos y sus respectivas autonomizaciones,
la autonomización de la economía, la autonomización de la política,
la separación entre sociedad civil y sociedad política; por otro lado,
la emergencia de nuevas experiencias, de nuevas sensaciones y de
nuevas percepciones, hacen emerger empiricidades como el lenguaje,
El Estado. Campo de lucha
82
el trabajo y la vida, dando lugar a nuevos saberes y ciencias, como la
filología, el economía y la biología, iniciando lo que se viene en llamar
la analítica de la finitud.58 La economía viene a ser tanto el referente
descubierto por la nueva experiencia del trabajo, así como la formación
discursiva que habla de ello. Lo que quiere decir que se trata de una
formación enunciativa, de una formación conceptual, que hace el
análisis del ámbito del trabajo, la producción, distribución y consumo.
La economía también es un espacio de instituciones que hacen de
agenciamientos concretos de poder. Referente empírico, formación
discursiva e instituciones es el triángulo en que nos inscribimos para
hablar de economía, de economía capitalista.
El Estado-nación deviene, por así decirlo, de otra genealogía,
arranca con la conformación de los estados patrimoniales, se
constituye en Estado-moderno, en el contexto de esa componente
articulación entre Estado territorial y capitalismo, convirtiéndose
en una macro-institución o, más bien, en un mapa concéntrico
institucional, que abarca un conjunto de instituciones articuladas a
un eje de funcionamiento y a una dirección política, aunque esta se
exprese en una distribución de poderes, supuestamente equilibrados.
La llamada ciencia política se cruza en el camino, viene de la teoría
jurídico-política, de la teoría de la soberanía, se plantea el problema
del Estado más que del poder, se propone estudiarlo y analizarlo,
empero termina desarrollando tesis sobre la legitimidad del Estado.
¿Esta ciencia política es una teoría que corresponde a la analítica de la
finitud? ¿Se plantea algún problema sobre el dilema de la emergencia
de las empiricidades y los a priori trascendentales? No, se trata más
bien de una disciplina que restaura los dilemas de la soberanía y
la legitimidad en el contexto de la modernidad. Una formación
discursiva que se plantea los problemas de legitimidad en la labor de
la restauración de la vieja maquinaria estatal. Se desentiende de los
campos de relaciones de poder, también de visualizar los mecanismos
de dominación. Se trata de un saber que estudia las formalidades del
58 Ver de Michel Foucault Las Palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas.
México. Siglo xxi, 2005.
Raúl Prada Alcoreza
83
campo político. Se puede decir, de manera concreta, que la ciencia
política estudia el Estado. De modo distinto a lo que ocurre con otras
ciencias y saberes modernos, la ciencia política pretende mantener
una relación de continuidad con la filosofía política; esta suposición
es en sí problemática, no solamente debido a la idea ingenua de una
historia lineal de las ciencias, sino también por lo que connotan la
filosofía política y la ciencia política, por su relación problemática
con la política. Jacques Rancière dice que la política funciona sobre
el principio de igualdad, principio que ocasiona el litigio entre los
que no tienen parte ni título, los pobres, y los que si lo tienen, los
oligarcas y los aristócratas. Este litigio viene acompañado por una
distorsión, un desacuerdo, causado por el ejercicio de la libertad; al ser
todos libres se tiene derecho a la palabra, los pobres se asumen como
pueblo, se constituyen como totalidad, conforman la democracia. La
política entonces contiene una desmesura, sobre el principio de la
libertad se constituye un todo que es más que las partes, se pasa del
reclamo de las partes a las exigencias inconmensurables que desata
la libertad. Se puede decir en resumen que la política es una lucha
de clases. Ahora bien, lo que se viene en llamar filosofía política trata
de hacer desaparecer este problema, trata de resolver el litigio, en el
fondo busca poner en suspenso la política.59 Por una parte tenemos
a la política que es una desmesura, por otra, a la filosofía política que
busca hacer desaparecer a esta desmesura; por último, tenemos a la
ciencia política, como continuidad de la filosofía política, que busca
sustituir la política, la lucha, el litigio, el desacuerdo, por la policía, en
el sentido pleno de la palabra, por el establecimiento del orden.
Retomando el hilo conductor, Estado-nación, economía y
política, todo el análisis que hemos hecho hasta ahora supone el fin del
Estado-nación, la clausura de la filosofía política y la ciencia política,
además de la crisis terminante del capitalismo. Las preguntas que se
suceden son: ¿Nos abrimos a una nueva episteme, después de haber
abandonado las ciencias generales del orden y las ciencias atravesadas
por la historicidad, como la economía, la biología y la lingüística? ¿Es
59 Ver de Jacques Rancière El desacuerdo. Política y filosofía. Buenos Aires. Nueva Visión, 1996.
El Estado. Campo de lucha
84
posible otras ciencias de las condiciones pluralistas y de la condición
plurinacional, de la emergencia de lo comunitario, de la extensión
de las formas proliferantes de la descentralización administrativa
y política? ¿Cuál es la configuración de la forma de Estado ante la
geografía política de las autonomías? ¿Qué es lo que viene más allá del
capitalismo? Hay más preguntas, pero nos vamos a quedar con estas,
vamos a detenernos a analizarlas y buscar respuestas.
Hablemos de los límites del mundo de la economía-mundo y
del sistema mundo capitalista. Por lo tanto también de los límites del
Estado-nación. Esta macroinstitución, esta forma de soberanía, fue
la instancia de una forma de organización política a escala mundial.
Los Estado-nación se situaron como en una pirámide jerárquica
distribuyéndose el control mundial para los países centrales y el
relativo control local para los países periféricos. Hay por cierto
espacios al medio para países que lograron cierto control regional,
también para los países que se llamaron del segundo mundo, entre los
que se encontraban los países del socialismo real, distinguiéndolos de
los países llamados del primer mundo y de los países definidos como
del tercer mundo. Aunque estos términos quedaron obsoletos en la
actualidad vertiginosa, mezclada y cruzada, pues el primero, el segundo
y el tercer mundo se pueden encontrar en un mismo país, por ejemplo,
en cualquier país del primer mundo, en un contexto atravesado por
las nuevas corrientes migratorias de trabajadores, que se asentaron,
dejando generaciones en su nuevo lugar de residencia, en un contexto
donde el nuevo capitalismo salvaje, que apuesta a políticas neoliberales
y de globalización, recrea grandes diferencias, quizás abismales, entre
pobres y ricos en todos los países y en todas las ciudades. De alguna
manera la forma Estado-nación ocultó estas diferenciaciones, estas
jerarquías, estas dominaciones polimorfas. Ahora los Estado-nación
estallan en mil pedazos; el multiculturalismo liberal trata de matizar
esta crisis, este desborde, reconociendo derechos culturales; pero lo
que no puede detener es la emergencia de nuevas formas políticas,
de nuevas formas de relación entre la forma Estado y la forma
sociedad, lo que no puede detener es el desborde y la desmesura de las
multitudes, los nuevos imaginarios colectivos, que incluso se llaman
Raúl Prada Alcoreza
85
en la transitoriedad naciones, oponiéndose al monoculturalismo, a la
forma mononacional. Aunque esta forma multinacional perduró como
anacronismos en la modernidad, recorriendo como tejido resistente
las formas institucionales homogeneizantes de la modernidad,
de la forma Estado-nación, creando una dinámica de tensiones
inherentes a la vida política de las sociedades y los Estado-nación,
estas contradicciones inherentes estuvieron encubiertas, escondidas,
ocultadas por los aparatos ideológicos de los Estado-nación. Su
reemergencia presente las actualiza, desatando renovados discursos, y
sobre todo transformando su condición encubierta en una condición
develadamente plural, desbordando el mapa institucional disciplinario
y normalizado de la modernidad. En plena crisis estructural del
capitalismo la condición plurinacional, la condición proliferante de lo
plural, adquiere otra connotación, convirtiéndose en una alternativa
al mundo único, al pensamiento único.
Hemos llegado a los límites del mundo, estamos situados en el
lugar fronterizo de las transformaciones, también de las experiencias,
de las sensaciones, así como de las formas de pensar, de significar
y simbolizar el mundo. Eugenio Trías habla de límites del mundo
como los relativos a la tautología y la contradicción, la tautología que
repite lo que es, lo mismo, de manera obsesiva, que no dice nada, y la
contradicción que quiere decirlo todo, que desborda y desgarra. Quizás
el filósofo más lúcido de la modernidad fue Hegel, que conciente de la
contradicción y el universo del sinsentido, quiso domesticar ambas,
mediatizándolas con una lógica dialéctica, buscando el retorno a lo
mismo, a la repetición, a la tautología, después de haber vivido la
experiencia del desgarro.60 Hegel es el filósofo de la restitución absoluta
de la razón, de la filosofía de la historia, de la filosofía del derecho, pero
también de la filosofía del Estado. Podemos decir que se trata de una
filosofía que coincide con el termidor, que busca desesperadamente
terminar con la revolución. Hegel ha muerto y también con él la filosofía
del fin de la historia. Aunque el Estado-nación haya sobrevivido a su
muerte ha entrado a su tiempo crepuscular, a su clausura, anunciando
su propia muerte, repitiendo el crepúsculo de los ideólogos.
60 Ver de Eugenio Trías Los límites del mundo. Barcelona. Ariel, 1985.
El Estado. Campo de lucha
86
Nacimiento del Estado plurinacional
Estamos ante un nuevo nacimiento, lo que en aymara se dice
pachakuti, que vendría a ser algo así como cambio, trastrocamiento
en el espacio-tiempo, de acuerdo a una traducción pretendidamente
teórica, filosófica. Sin embargo, en la discreción, en la disquisición, de
estas cosas no nos vamos a detener, por el momento. Quizás después
volvamos a abordarlas, aunque de alguna manera siempre las tenemos
que tener en cuenta. Este nuevo comienzo se daría en la geografía
política de Bolivia, la anterior Audiencia de Charcas del Virreinato de
la Plata, antes Alto Perú del Virreinato del Perú, y antes del cataclismo
de la conquista y su consecuente colonización, el Qullasuyu, uno de
los territorios, de los cuatro del Tawantinsuyu. Este nacimiento se
puede considerar como el resultado de un dramático parto, gestado
por las guerras políticas desatadas por los movimientos sociales,
durante el ciclo de luchas que van del 2000 al 2005. Este nacimiento
también tiene que ver con la gestión de gobierno del presidente Evo
Morales Ayma, durante la cual se nacionalizan los hidrocarburos
y se convoca a la Asamblea Constituyente. Por lo tanto este nuevo
comienzo, esta fundación de la segunda república, tiene que ver con
el proceso constituyente, concretamente con el texto constitucional
desarrollado por la Asamblea Constituyente, en pleno campo de
batallas, en el que se convirtió la ciudad de Sucre, sede de la Asamblea
Constituyente. Una vez que se aprueba la nueva Constitución en Oruro,
los dados estaban echados, a pesar de las modificaciones arbitrarias
del Congreso, donde se trato de deformar el sentido del cuerpo de
la Constitución, las ciento cuarenta y cuatro modificaciones, no
pudieron cambiar el espíritu constituyente, recurriendo a un lenguaje
constitucional, no pudieron cambiar los principios y las finalidades
de la Constitución, los contenidos descolonizadores, la estructura y
los modelos propuesto por la Constitución, el modelo de Estado, el
modelo territorial y el modelo económico. En el Congreso se pretendió
revertir el proceso, unos quisieron abolir las medidas inherentes a las
transformaciones institucionales de la Constitución, como la reforma
Raúl Prada Alcoreza
87
agraria, otros confundieron la política con el pacto; se dedicaron a
construir escenarios de pacto con la derecha, creyendo que ese era
el camino, olvidando que todo ya había cambiado por la energía y
el poder masivo desplegado por los movimientos sociales durante el
lapso que viene del 2000 y llega al 2005. El pueblo boliviano termina
aprobando la Constitución Política del Estado en un Referéndum
Constituyente, referente arrancado por una fabulosa movilización
de las organizaciones sociales, que terminaron sitiando al Congreso
presionando para la aprobación de la ley que convocaba al Referéndum.
Otra vez mostraban los movimientos sociales su determinación en
empujar el proceso hacia el horizonte abierto por las luchas sociales
de la guerra del agua y de la guerra del gas. Este nuevo inicio también
tiene que ver con las consecutivas derrotas sufridas por la derecha,
las oligarquías regionales, sus partidos, sus medios de comunicación
y todos sus dispositivos conspirativos. Fueron derrotados con la
aprobación de la Constitución por parte del pueblo boliviano; también
fueron derrotados cuando primero la Constituyente y después la
Constitución incorpora las autonomías, demanda regional, al texto
constitucional, quedando sin bandera y sin discurso, sin capacidad de
convocatoria; vuelven a ser derrotados en el terreno dibujado por la
violencia desatada por grupos de choque, en una espiral de la violencia
que comienza con la toma de instituciones y deriva en la Masacre del
Porvenir, esta derrota ya es político y militar. Estas derrotas políticas
se van a expresar en la contundente derrota electoral que van a sufrir
en las elecciones de diciembre del 2009. El Movimiento al Socialismo
(mas) gana con aproximadamente el sesenta y cuatro por ciento, gana
en el Departamento de Tarija, uno de los baluartes de la llamada “Media
Luna, se recupera el Departamento de Chuquisaca, se avanza en el
Departamento de Santa Cruz, de Beni y de Pando; todo esto dibuja
un escenario expedito en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde
el mas controla los famosos dos tercios que se requieren para aprobar
las leyes. Todo este contexto histórico político hace de condición de
posibilidad histórica del nacimiento del Estado Plurinacional.
El Estado. Campo de lucha
88
En el ensayo “Articulaciones de la complejidad61” se escribe lo
siguiente:
1. Esta demás decirlo, que el Estado plurinacional no es un Estadonación
y, no está demás decir, que el Estado plurinacional ya no es
un Estado, en el pleno sentido de la palabra, pues el acontecimiento
plural desbroza el carácter unitario del Estado. El Estado ya no es
la síntesis política de la sociedad, tampoco es ya comprensible la
separación entre Estado, sociedad política, y sociedad civil, pues
el ámbito de funciones que corresponden al campo estatal es
absorbida por las prácticas y formas de organización sociales. El
Estado plurinacional se abre a las múltiples formas del ejercicio
práctico de la política, efectuada por parte de las multitudes.
Hablamos de un Estado plural institucional, que corresponden
a la condición multisocietal. Se trata de mapas institucionales
inscritos en múltiples ordenamientos territoriales; por lo menos
cuatro: territorialidades indígenas, geografías locales, geografías
regionales y cartografías nacionales. La emergencia de lo plural
y lo múltiple desgarra el viejo mapa institucional, no permite
la expropiación institucional, la unificación de lo diverso, la
homogeneidad de la diferencia; se abre más bien al juego de la
combinatoria de distintas formas de organización, al juego en red
y de entramados flexibles. Hablamos de matrices organizacionales
y de estructuración abiertas a la contingencia. Se vive entonces la
política como desmesura.62
61 El ensayo aparece en el libro de Comuna intitulado Transformacion pluralista del Estado. La
Paz. Muela del Diablo Editores, 2007.
62 Boaventura de Sousa Santos escribe en El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura
política, lo siguiente: La supuesta inevitabilidad de los imperativos neoliberales ha afectado
de modo irreversible al ámbito y la forma de poder. Este cambio no supone, sin embargo,
una vuelta al pasado, ya que sólo un Estado postliberal puede acometer la desestabilización
de la regulación social postliberal. Esta desestabilización crea al anti-Estado dentro del
propio Estado. A mi entender, estas transformaciones son tan profundas que, bajo la misma
denominación de Estado, está surgiendo una nueva forma de organización política más
vasta que el Estado, una organización integrada por un conjunto híbrido de flujos, redes y
reorganizaciones donde se combinan e interpenetran elementos estatales y no estatales,
tanto nacionales como locales y globales, del que el Estado es el articulador. Esta nueva
organización política no tiene centro, la coordinación del Estado funciona como imaginación
del centro. Trotta/ilsa. Madrid, 2005. Pág.331.
Raúl Prada Alcoreza
89
Se puede interpretar de la cita que ya no se trata de la forma de
Estado moderno sino de una nueva forma política, de una nueva forma
de relación entre la sociedad y sus formas de organización política,
como decíamos en la Constituyente, se trata de un nuevo mapa
institucional. Es cierto que en Europa podemos encontrar Estados
plurinacionales, pero se trata de Estados modernos, que se limitan
al alcance dibujado por el multiculturalismo, recogiendo incluso
formas confederadas, como en el caso Suizo. La nueva concepción
de la condición plurinacional de las formas políticas se tienen
que decodificar desde la voluntad colectiva de la descolonización,
implica, además, el reconocimiento de la condición multisocietal,
que recoge la concepción de la múltiple temporalidad, además de
la multiinstitucionalidad. Esta multiplicidad que atraviesa la forma
homogénea del Estado termina desacoplándolo, inventando una
nueva forma de articulación, una nueva forma de integración, más
cohesiva, más dinámica, creativa, flexible, adecuada a la problemática
compleja de la formación abigarrada, de la composición barroca de
la formación económico social boliviana, adecuada, sobre todo a la
forma de gobierno propuesta por la Constitución Política del Estado,
que es la democracia participativa, que reconoce el ejercicio plural de
la democracia, como el relativo a la democracia directa, a la democracia
representativa y a la democracia comunitaria. Se puede decir que
esta forma política de la condición plurinacional descolonizadora se
encuentra más allá del Estado.
El Estado-nación ha muerto, nace el Estado plurinacional,
comunitario y autonómico. ¿Cuáles son las condiciones, las
características, la estructura, los contenidos y las formas institucionales
de este Estado? Uno de los primeros rasgos que hay que anotar es
su condición plurinacional, no en el sentido del multiculturalismo
liberal, sino en el sentido de la descolonización, en el sentido de la
emancipación de las naciones y pueblos indígenas originarios. Una
descolonización entendida no sólo en el sentido del reconocimiento
de las lenguas, de la interculturalidad e intraculturalidad, sino también
en el sentido de las transformaciones institucionales, de la creación
El Estado. Campo de lucha
90
de un nuevo mapa institucional, encaminadas a la incorporación de
las instituciones indígenas a la forma de Estado. Una descolonización
entonces que implica el pluralismo institucional, el pluralismo
administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestiones. Y
esto significa una descolonización de las prácticas, de las conductas
y de los comportamientos, conllevando una descolonización de los
imaginarios. Esto es la revolución cultural. Una descolonización que
implica la constitución de nuevos sujetos, de nuevos campos de
relaciones íntersubjetivas, la creación de nuevas subjetividades, de
nuevos imaginarios sociales; esto es el desarrollo de una interculturalidad
constitutiva e instituyente, enriquecedora y acumulativa de las
propias diferencias y diversidad inherentes. Una descolonización
que implique el desmontaje de la vieja maquinaria estatal, que no
puede dejar de ser sino colonial; se trata de la maquinaria que llega
con la Conquista, que se consolida en la Colonia, que se restaura y
moderniza en los periodos republicanos, que termina viviendo una
crisis múltiple, de legitimidad, de representación, política, económica
y cultural. El Estado-nación fracasa en su proyecto consustancial, la
revolución industrial, el desarrollo nacional, el romper con la cadena
perversa de la dependencia. El Estado plurinacional se encuentra
más allá de los umbrales del Estado-nación, definitivamente se ha
abierto otro horizonte, otras tareas, otras finalidades, otros objetivos
estratégicos, siendo la tarea primordial la descolonización. No puede
haber nada parecido a las estrategias anteriores, si hay algunos rasgos
que sugieren cierta analogía, como las relativas a la transformación
tecnológica y su incorporación a la economía social y comunitaria,
tienen que leerse en los códigos no de la revolución industrial del siglo
xix sino en el contexto de lo que significa la revolución tecnológica,
irradiarte, expansiva, en red, impulsando saltos, que no pueden
leerse desde la linealidad histórica sucesiva de seguir el curso de
los países desarrollados. Esto significaría volver a aportar por los
nostálgicos proyectos nacionalistas y populistas. La revolución del
Estado plurinacional es una revolución descolonizadora, aperturante
de otro proyecto civilizatorio y cultural. Entonces uno de los rasgos
fundamentales del nuevo Estado plurinacional es la descolonización.
Raúl Prada Alcoreza
91
Otro rasgo fundamental del Estado plurinacional es su carácter
comunitario. Si bien el artículo primero de la Constitución establece
el carácter plurinacional, comunitario y autonómico como los
ejes nuevos estructurales y transversales de la Constitución, pues
lo unitario y social de derecho ya estaban contemplados en la
Constitución anterior, el segundo articulo plantea el reconocimiento
de la preexistencia a la Colonia de las naciones y pueblos indígenas
originarios, por lo tanto su derecho al autogobierno, a la libre
determinación, a sus instituciones propias, normas y procedimientos
propios, gestión territorial, beneficio exclusivo sobre los recursos
naturales renovables, consulta sobre la explotación de los recursos
naturales no renovables, legua y cosmovisión propias. Esto significa
la reconstitución y la reterritorialización comunitaria, acompañando
profundamente al desplazamiento de la forma de gobierno como
democracia participativa, incorporando como uno de los ejes
de la democracia participativa a la democracia comunitaria. El
sentido comunitario es transversal a la Constitución, esto implica
la actualización de las instituciones comunitarias, sus redes, sus
tejidos, sus desplazamientos, sus alianzas territoriales, sus estrategias
de reconstitución. También connota la recuperación, recreación,
enriquecimiento, e irradiación de sus imaginarios, de sus estructuras
simbólicas, de sus valores, conllevando la restitución de la dimensión
ética comunitaria, haciendo circular los saberes colectivos, las
memorias largas, la información y los conocimientos ancestrales.
Encaminando la presencia, la inmanencia y trascendencia de la
comunidad en la perspectiva de la transformación institucional del
Estado, de la relación entre Estado y sociedad y de la descolonización
de las políticas públicas. Lo más propio del interior de la periferia,
como escribí en Estado periférico y sociedad interior, en Los límites
del poder y del Estado63, es la forma comunidad, son las instituciones
comunitarias, son los principios y valores comunitarios como
solidaridad, reciprocidad, complementariedad y redistribución, son
63 Ver Horizontes y límites del poder y del Estado. Texto colectivo de Comuna. La Paz. Muela del
Diablo Editores, 2005.
El Estado. Campo de lucha
92
las innovaciones de las estrategias de resistencia y transfiguración
de las sociedades políticas, como las denomina Partha Chaterjee, de
los bricolaje o los abigarramientos, parafraseando a René Zavaleta
Mercado, o los barrocos modernos, como diría Bolivar Echeverria.
Las formas de comunidad han atravesado los periodos de la colonia
y los periodos republicanos, han resistido, se han transformado, se
han actualizado y atravesado la modernidad misma. Esta institución
imaginaria de la comunidad se convierte en una proyección alternativa
en plena crisis del capitalismo y replanteo de las relaciones entre
centro y periferia de la economía mundo capitalista, del sistema
mundo. Que se haya constitucionalizado la forma comunidad, que
forme parte de la composición del nuevo Estado, proyecta una luz
en los ámbitos de las relaciones sociales, en las transformaciones del
campo político y en las recuperaciones sociales del campo económico.
La comunidad diseña el nuevo horizonte del Estado plurinacional.
Otra característica en la arquitectura del Estado plurinacional es
la participación y el control social. La participación social establece
otra relación entre Estado y sociedad, convirtiendo al Estado en
instrumento de la sociedad, efectiviza la democracia participativa,
desarrollando una construcción colectiva de la decisión política, de
la construcción de las leyes y de la gestión pública. La participación
social se convierte en la matriz de la nueva forma política y el control
social hace abiertamente transparente el ejercicio de la ejecución
de las políticas públicas, expandiendo los alcances del acceso a la
información y la rendición de cuentas a la sociedad. La participación
social es el verdadero gobierno del pueblo, la democracia, suspende
los mecanismos de dominación y cuestiona la especialización
weberiana del aparato público, avanzando a una nuea concepción de
la gestión pública, que ahora tiene que ser plurinacional, comunitaria
e intercultural.
Una cuarta característica del Estado plurinacional es
precisamente el pluralismo autonómico, En el contexto de los
pluralismos, pluralismo económico, social, político, jurídico y cultural,
el pluralismo autonómico es consecuente con esta perspectiva
Raúl Prada Alcoreza
93
múltiple y proliferante. Se trata del nuevo modelo territorial, que
concibe, en igualdad de condiciones, comprendiendo equivalentes
jerarquías, distintas formas de autonomía, autonomía departamental,
autonomía regional, autonomía regional y autonomía, siendo la más
importante la autonomía indígena por las características del Estado
plurinacional, se trata del lugar, el espacio, el escenario, donde se
plasma efectivamente el Estado plurinacional. Todas estas autonomías
tienen sus competencias exclusivas, además de las concurrentes y
compartidas, gobiernan y legislan en su jurisdicción, en tanto que la
autonomía indígena adiciona su facultad jurídica debido al pluralismo
jurídico, a la jurisdicción indígena originaria campesina. El entramado
de las competencias configuran el espacio de desenvolvimiento de
las gubernamentalidades y la gestión comunitarias desatadas por la
expansión de la descentralización administrativa política. El pluralismo
autonómico, el nuevo modelo territorial, definen el otro nivel de
complejidad del nuevo Estado.
Una quinta característica del Estado plurinacional es la
equidad y alternancia de género. Es transversal a la Constitución, esta
perspectiva, no sólo exige la justicia en lo que respecta al género, es
decir, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, sino que
también apunta a abolir la dominación masculina, demoler el Estado
patriarcal. La emancipación de la mujer forma parte de los proyectos
inherentes a los nuevos movimientos sociales, vinculado al desarrollo
de los nuevos derechos, abriéndose a la hermenéutica de los nuevos
sujetos, de las nuevas subjetividades, comprendiendo los contextos
culturales diversos, respetando las complementariedades inscritas en
las formas de relación masculino femenina de las culturas indígena
originario campesina, empero requiriendo la adecuación a los derechos
fundamentales constitucionalizados. Con la transversal de la equidad
de género, el Estado plurinacional se abre a la participación activa de
las mujeres en la construcción de la nueva forma de Estado y la nueva
forma de hacer política.
Una sexta característica del estado plurinacional tiene que ver
con el modelo económico, que de acuerdo a una primera definición
El Estado. Campo de lucha
94
que es encuentra en la Constitución, se trata de una economía plural,
pero que en el sentido mismo, en la dirección que toma, el proyecto
económico, la segunda definición explícita del modelo económico
es la economía social y comunitaria. Este era en realidad el nombre
dado por la Comisión económica en la Constitución, se lo cambio
por economía plural en ámbito de negociaciones con las minorías
en ese espacio extra asambleísta que se llamo la multipartidaria. En
la parte que corresponde a la organización económica del Estado se
le atribuye un papel fundamental al Estado como articulador de las
distintas formas de organización económica, en la industrialización
de los recursos naturales, en el potenciamiento de la economía
comunitaria y de la pequeño y micro empresa, también de la forma de
organización social cooperativa. Empero todo esto hay que contextuar
en un modelo económico más amplio desarrollado en la organización
económica del Estado. El modelo se amplía a la incorporación de tierra,
territorio, la biodiversidad, los recursos naturales, los hidrocarburos, la
minería, el agua, la energía, la biodiversidad y el desarrollo sostenible.
Se puede decir que se trata también de un modelo ecológico. Este nivel
de complejidad del Estado plurinacional rompe con los limites y las
limitaciones del economicismo y de una economía subsumida a la
acumulación capitalista. Como se puede ver los desafíos son grandes,
exigen claridad en cuanto a la comprensión de los horizontes abiertos
por el Estado plurinacional, además del despliegue de una imaginación
y un imaginario radicales, de una fuerza instituyente creadora de los
nuevos ámbitos del desenvolvimiento social y político emancipados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario